En un mundo inconstante e inquieto que vivimos, no nos resulta extraño que veamos a las personas decepcionadas, apresuradas por el día a día buscando, a partir de realizar muchas actividades, darle un sentido a sus vidas. Hay quienes se ocupan y dedican a buscar las riquezas; otros quieren una vida ociosa y, también están los que arreglan su vida sólo con los placeres sensuales.

Para que la vida les resulte más tolerable, están quienes gastan dinero, al punto de endeudarse, esperando que esa compra haga más tolerable su diario vivir.

Los placeres, la diversión y las posesiones, con el tiempo, pierden su atracción. Cada nueva cosa descubierta llama la atención un corto tiempo, pero rápidamente pierde toda atracción; hay, en esencia, algo que falta; y es ese maravilloso estado de felicidad.

La RAE, Real Academia Española, tiene una definición para la felicidad: “estado de grata satisfacción espiritual y física”, y como la “situación, persona, conjunto u objeto que contribuyen a hacer feliz”.

Para la mayoría de la gente la felicidad es, probablemente, una prioridad, la meta número uno y sucesivamente buscan la mejor manera de conseguirla.

La felicidad no es lo mismo que la alegría; en el caso de esta última, se trata de una emoción momentánea y que está asociada con algo externo. La experimentamos cuando conseguimos un trabajo, algún dinero extra, un viaje, el amor de alguien, etc.  La vivimos de forma plena, pero después de un tiempo y dependiendo de la persona o situación, ella va disminuyendo hasta que desaparece o bien es sustituida por otro sentimiento. La felicidad es algo completamente diferente; ella, porque es algo interno, puede ser duradera. En el caso de ser felices ocurre dentro de nosotros y, por lo tanto, no es dependiente de lo externo, de nuestro entorno.

Para realmente ser feliz, tenemos que aprender a seguir los hábitos de las personas felices del mundo, independientemente que sean de distintas culturas, ámbitos sociales, diferentes tipos de educación, diferentes objetivos, diferentes experiencias personales.

La felicidad es, como el deseo de vivir, algo básico y primario en el ser humano. Es, en definitiva, lo que se identifica con la definición aristotélica de la «vida buena». La vida feliz, como la felicidad, es un proceso que se va construyendo a lo largo de nuestra vida y, por las imperfecciones y contingencias del mundo real, nunca la alcanzamos en toda su plenitud… Procuremos el “vivir bien” y con todas sus posibles ramificaciones.

“No es la felicidad lo que nos hace agradecidos; es la gratitud lo que nos hace felices. Todos conocemos personas que tienen todo lo necesario como para ser felices, y sin embargo no lo son, simplemente porque no están agradecidas por lo que tienen. Por otro lado, todos conocemos también personas con que no son para nada afortunadas, y sin embargo irradian alegría, simplemente porque aun en medio de su miseria son agradecidas. Así, la gratitud es la clave de la felicidad”. (David Steindl-Rast).

Claudio Valerio
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