El llamado trastorno de ansiedad puede llevar a las personas a alterar su capacidad de llevar a cabo una vida normal. Muchas de ellas, por determinadas circunstancias a lo largo de su vida, ya sea por un problema laboral o bien familiar, se encuentran ansiosas, nerviosas, intranquilas; situaciones éstas que nos llevan a una preocupación persistente al temor a lo que nos puede pasar.

Estar ansiosos todo el tiempo nos lleva a ser presa de la misma y ello afecta en la rutina diaria; vivimos contra reloj, aceleradamente, en cuanto a múltiples aspectos y actividades del día a día, lo que nos lleva a perder la capacidad de disfrutar de cada momento y, además, gradualmente ir perdiendo la paciencia. Tratamos de hacer el mayor número de tareas, en el menor tiempo posible, procurando lograrlas alcanzar a la brevedad, sin que a veces importe la eficiencia con que se ejecuten. En resultado de esto es que, por nuestro afán de reducir los tiempos de algún proyecto o actividad, cometemos errores o imprecisiones que pueden derivarnos a fracasar o perder importantes oportunidades.

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La búsqueda de caminos cortos, de simplificar, hace que nos resulte difícil la obtención de logros y beneficios a largo plazo. Porque, “lo que pronto llega, rápido se va”. Vivimos en una sociedad donde impera la cultura de la satisfacción o gratificación inmediata en donde todo lo debemos obtener ya y, si no nos es posible, nos frustramos, nos enojamos y quejamos, y en algunos casos llegamos a gritar y llorar.

En la vida, todo tiene un precio y, por esto, es que decimos que “lo barato sale caro”. Traigamos a cuento la historia en la que un padre fue a inscribir a su hijo en una bien conocida universidad. Al leer el plan de estudios de la carrera, le preguntó al Director de departamento:

– “¿Mi hijo tiene que cursar todas estas materias?… ¿No puede usted reducirlas un poco?… Es que él quiere terminar pronto”.

Y el Director respondió:

“Por supuesto que puede tomar una carrera más corta; pero todo depende de lo que él quiera llegar a ser. Cuando Dios quiere hacer un roble, lo hace en veinte años; pero, en cambio, sólo necesita dos meses para hacer una calabaza”.

Dios no está apurado; Él es lento pero seguro. Nosotros somos los apurados. Dios no es de las cosas rápidas, las hace despacio. Él usa nuestra inmadurez, y de las personas en general, para ayudarnos a conquistar lo que es verdaderamente importante, convirtiendo los obstáculos en oportunidades de superación.

Si lo que queremos es algo bueno, vayamos por lo seguro, no nos apuremos. Y, si lo que queremos es algo rápido; pues no tendremos seguridad de ello.

Desde la ciudad de Campana, Buenos Aires, envío un abrazo y mi deseo que la vida te sonría y permita que prosperes en todo lo que emprendas; y derrame sobre ti Salud, Paz, Amor y mucha Prosperidad.

Claudio Valerio
@Valerius
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