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Neuss y Farré: dos femicidas de abolengo en el country Martindale

en General/Policiales

Exitosos hombres de negocios, Fernando Farré y Jorge Justo Neuss vivían en ese countruy de Pilar en casas separadas por apenas 150 metros. Con diferencia de cinco años, en el 2015 y en el 2020, ambos fueron los asesinos de sus respectivas esposas. Mientras que Neuss se suicidó tras el femicidio, Farré cumple la pena de prisión perpetua en una cárcel bonaerense.

El matrimonio formado por Jorge Justo Neuss y Silvia María Saravia de Neuss era muy mundano. De modo que solían repartir sus días entre la mansión del Martindale Country Club, en Pilar, el piso de Puerto Madero, la residencia de Punta del Este y el palacete neoyorkino que tenían en The Hamptons, una zona exclusiva de Long Island.

Durante los inviernos porteños, ellos acostumbraban a instalarse en ese paraíso terrenal. De modo que allí se encontraban durante el crepúsculo del 21 de agosto de 2015, cuando él –por entonces, de 68 años– atendió una llamada efectuada desde Buenos Aires por Juan, uno de sus cinco hijos.

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Su voz sonaba agitada; así le soltó esa noticia infausta: un vecino del Martindale, el ejecutivo Fernando Farré –cuya vivienda estaba situada a unos 150 metros de la suya– acababa de asestarle 74 puñaladas a su esposa, Claudia Schaefer, cuando mantenían tratativas por la división de bienes en medio del divorcio.

Al cortar la llamada, el empresario comunicó la novedad a Silvia María –de 64 años–. La voz de ese hombre exudaba una llamativa frialdad. Luego retomó la lectura del Financial Times. Obviamente no imaginaba que, un lustro más tarde, él perpetraría en ese mismo country una hazaña parecida.

¡Mía o de nadie!
Aquel viernes, Farré –de 51 años– ingresó en su automóvil al Martindale por la entrada de la calle Perón al 2300, y avanzó con lentitud hacia su chalet, en el lote 5: lo acompañaba su abogada, Andrea Frencia. En el porche los recibió doña Nenina, la madre de aquel hombre. Éste la saludó con suma calidez. Ella notó con beneplácito que Fernando lucía sonriente y distendido.

La señora luego les sirvió café, antes de retirarse a su dormitorio, para no cruzarse con su ex nuera, quien llegaría, con el abogado Carlos Quirno, de un momento al otro.

Eso sucedió pasadas las 11,30. A partir de entonces, las tratativas entre aquellas cuatro personas estuvieron signadas por una tensa cordialidad.

Veinte minutos más tarde, mientras los abogados conversaban, Farré y Schaefer –de 44 años– fueron hacia la cocina y, después, a una habitación; allí comenzaron a discutir. Y de las frases pasaron a los gritos. Desde la ventana del dormitorio, doña Nenina llegó a ver cómo su hijo, montado sobre Claudia, la apuñalaba una y otra vez . «¡Así no vas a lograr nada!» –le gritó la anciana al enfurecido Fernando.

Desde el jardín, los abogados tuvieron idéntica visión. Hasta notaron la serenidad con la que Farré mataba a la mujer, sin que le importunara ser visto por ellos. Con esa actitud impasible le asestó los últimos puntazos cuando la víctima ya estaba muerta

De esa circunstancia hay un registro estremecedor: la foto policial del tipo ya esposado en el suelo; el gesto dislocado de su cara con sangre ajena y los ojos fijos en la cámara, horrorizaron a televidentes y lectores.

Por semanas, en el club house del Martindale no se habló de otra cosa. Pero con el paso del tiempo, el femicidio de la pobre Claudia se convirtió allí en un recuerdo borroso. De manera que el 10 de octubre de 2020 aquel hecho ya estaba sepultado en el olvido.

La hipótesis de un pacto suicida
Pasado el mediodía de aquel sábado, otra noticia sacudía al club house de dicho country: un confuso episodio le había costado la vida al empresario Jorge Neuss y también la de Silvia, su amada esposa.

En base a la declaración en sede policial del hijo Juan, se supo que ellos estaban alicaídos porque al joven le habían diagnosticado una leucemia. ¿Acaso se trataba de un pacto suicida? Por lo pronto, en los noticieros no se consideraba otra hipótesis y sus especialistas (psiquiatras y criminólogos con postgrado televisivo) teorizaban al respecto.

Pero los primeros resultados de las autopsias, concluidas durante el alba del domingo, demostraron que la señora Silvia María había sido tomada del cabello por su marido antes de recibir un tiro en la cabeza que le rozó a él un dedo pulgar, además de presentar ella algunas marcas defensivas. Conclusión: “femicidio seguido de suicidio”.

El estupor entre familiares, allegados y vecinos
La primera versión sobre la cadena de eventos del sábado arranca con los dos disparos oídos por las empleadas domésticas. Entonces llamaron al 911 y a la hija Lucila, cuya residencia se encuentra a 300 metros de allí. Y ella avisó a los hermanos Juan Y Patricio, quienes llegaron en pocos minutos para descubrir, al derribar la puerta del dormitorio principal, el cadáver de la madre y, a dos metros, al padre en agonía. Luego se pudo reconstruir lo que realmente sucedió.

Casi al mediodía, tras despertar en soledad, Neuss había desayunado en dicho dormitorio. Luego envió sendas salutaciones a dos amigos que cumplían años. Todo indica que lo hizo con una Magnum 357, ya cargada, a su alcance. Los mensajes fueron enviados exactamente a las 12:36 y a las 12:37, en tanto que la llamada de las domésticas al 911 se hizo a las 12:59. En aquellos 22 minutos se desencadenaron los acontecimientos.

En ese lapso tuvo lugar la llegada de Silvia María, quien había dormido en casa de Lucila, tras una discusión con su marido ocurrida la noche anterior. De la furibunda reacción de éste ya no hay detalles por revelar.

El femicida Farré supo sobre lo que acababa de suceder en el country Martindale a través del viejo televisor que ameniza las horas muertas de los presos en la Unidad Penal 4 de Bahía Blanca.

Dos tipos audaces
Farré tenía un vivo recuerdo de aquel hombre de porte aristocrático, siempre peinado a la gomina, que solía dispensarle una fría amabilidad. Ambos, además de la vecindad que los unía, solían ser indispensables en los fastos de Fundaleu, Coas y cuanto evento los haya convocado con el meritorio propósito de juntar billetes de baja denominación para los pobres y pasarla bien.

Al respecto, a Neuss le sobrevive un nutrido archivo fotográfico en donde posa con celebridades como Mirtha Legrand, Valeria Mazza, Teté Coustarot, Cristiano Rattazzi y “Nicky” Caputo. Mientras que Farré –además de atesorar imágenes con Julieta Awada y Facundo Arana, entre otros famosos– preferiría las luminarias planetarias, como Kate Moss, Lady Gaga, Davis Bowie, y París Hilton, a quienes frecuentaba en fiestas por su carácter de ejecutivo de compañías multinacionales.

El tipo había nacido para el éxito. Graduado en la Universidad Católica Argentina con el título de Administrador de Empresas, Farré exhibía un master en la Thunderbird School of Global Management, un semillero de cuadros para el sector privado. También era miembro de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas, un cenáculo fundado por el argentino –en vías de canonización– Enrique Shaw. Además hablaba inglés y portugués en forma fluida.

Lo cierto es que en el aspecto profesional, Farré tenía una alta opinión de si mismo; en su currículum online de definía como un “líder apasionado y profesional del marketing global” que supo lograr “mayor volumen de ventas, beneficios y porción del mercado en firmas mundiales de fragancias, bebidas y cosméticos. No mentía: este sujeto había tenido cargos jerárquicos en Wines of Argentina, Coca-Cola, Avon, L’Oreal.

La cúspide de su carrera fue haber sido nombrado gerente general para Argentina y Chile de la multinacional de cosméticos Coty Inc. Pero a fines de 2014 fue cesanteado. Desde entonces estaba sin empleo. Tal vez por ese motivo, Neuss lo trataba con disimulada conmiseración.

Neuss era nieto de un inmigrante alemán que en 1891 montó una modesta planta de gaseosas, la Soda Neuss Belgrano, que con el tiempo dominó el mercado local, siendo su nave insignia el Pomelo Neuss.

Ya desde la primera mitad del siglo XX –y bajo la batuta del padre de Jorge Justo– el negocio familiar supo diversificarse con servicios para el sector público, la energía y las finanzas.

En la década del ’90, su hermano, Germán, y él se hicieron cargo del imperio. El primero se volcó al desarrollo de proyectos inmobiliarios, mientras que Jorge Justo inició un proceso de expansión en los campos de la energía y la actividad petrolera. Fue una época dorada, en la cual Jorge Justo iba acumulando brillantes operaciones financieras a fuerza jugar al golf con el presidente Carlos Menem.

“¡Che, Pomelo!”, le gritaban entre carcajadas los amigotes del “Turco” para desconcentrarlo en los links de Olivos. Y él se daba por aludido con gran sentido del humor. Eso le valió el acceso al control del espacio radioeléctrico a través de la empresa Thales Spectrum, un obsequio del amigo presidente. Ese contrato fue rescindido en 2004 por Néstor Kirchner.

El resto de sus negocios continuaron viento en popa.

Cumbres borrascosas

Fernando y Claudia se habían casado en 2000. Tenían tres hijos de 14, 11 y 8 años. La familia vivía en un lujoso piso de la Avenida del Libertador al 1700, y los fines de semana se trasladaban al chalet del Martindale.

Pero desde febrero ella dormía en la habitación de la hija. Poco antes le había pedido a Fernando el divorcio, hecho que empeoró el maltrato verbal y la violencia física que ella padecía desde 2005, aproximadamente. Ocurre que él no tenía ninguna intención de mudarse, e impedía que ella lo hiciera. A eso se sumaba su talante controlador, especialmente cuando Claudia trabajaba –en las oficinas de las bodegas Sailentein– o estando con amigas. Y en caso de no recibir respuesta, llamaba a gente que estuviera cerca de su esposa.

Todos sus allegados estaban al tanto de que él la enloquecía con sus arranques celópatas y que no toleraba la perspectiva de la separación.

El 12 de agosto, Fernando le dispensó a Claudia una feroz paliza delante de los chicos. Había sido lo gota que rebalsó el vaso. Ella le hizo la denuncia, que desembocó en una restricción perimetral para el goleador.

Entonces fijó su residencia permanente en el country. Ya se sabe como concluyó esta historia.

Ataques de ira
El señor Neuss también tenía sus “problemitas” maritales. Jorge Justo y Silvia María estaban casados desde 1971. Tenían cinco hijos ya adultos. Y un presente terrorífico, cuya realidad era barrida bajo la alfombra. Pero, en cuentagotas, esa realidad comenzaba a aflorar.

Alguien del círculo íntimo del señor Neuss deslizó que tiempo atrás, en una comida, él había comentado que tenía “ataques de ira” y que no los podía controlar, razón por la que pensaba acudir a una psicóloga.

También se decía que con Silvia María mantenía una crisis de pareja, y que ella se quería divorciar.

A su vez, otro integrante de su círculo íntimo deslizó que Jorge Justo la trataba mal, que la menospreciaba, que la insultaba en el club house y que, incluso, en una ocasión la agarró del cuello, al punto de que los vecinos tuvieron que llamar a Patricio..

Durante el fatídico 10 de octubre, Silvia María –quien había pernoctado en la casa de Lucila– volvió a la mansión conyugal para retirar algunos efectos personales, puesto que –tras la pelea de la noche anterior– había dado por concluida la convivencia con el empresario.

También se sabe que todo terminó de la peor manera. En junio de 2017, Fernando Farré fue condenado a prisión perpetua. En cambio, Jorge Justo Neuss se suicidó impune.

(Télam/Ricardo Ragendorfer)

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