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¿Por qué castigarse por la culpa de otros?

en Opinión/Sociedad

Un párroco le preguntó a un hombre por qué había dejado de asistir a los servicios religiosos. El hombre respondió: «No me trataron correctamente allí mismo». El sacerdote preguntó: «Entonces, ¿por qué no vas a casa y golpeas a tu esposa?» La persona asustada le dio al predicador una mirada que cuestionó su cordura. «Mi esposa no hizo nada contra mí», dijo. «Bueno», dijo el predicador, «¿Jesús te hizo algo?».

¿Por qué abandonamos a Jesús porque estamos enojados con el pastor o los feligreses? ¿Por qué criticar a una iglesia o a un sacerdote por el mal testimonio de una persona que dice ser cristiana? ¿Por qué criticar a todas las iglesias y a todos los religiosos cuando escuchamos noticias de cierto trabajador que ha confiscado el dinero de los miembros de su iglesia?

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Estar enojado con los hermanos y dejar a Dios es tan lógico como enojarse con el perro y patear al gato. Necesitamos entender que no todas las iglesias son iguales. Necesitamos separar el trigo de la paja. Incluso si un hermano de la iglesia nos trata mal, no podemos ni debemos dejar la iglesia por esta razón. Después de todo, los otros que asisten no son iguales. Y, sobre todo, Cristo no tiene nada que ver con las malas actitudes de los miembros. El Señor es amor, es un compañero, es el amigo de todas las horas y, cuando nos apartamos, hacemos la voluntad del que inspiró a ésa persona a tratarnos mal.

Cuando mostramos amor a los que nos hieren y ofenden, demostramos que somos verdaderos cristianos.

Desde la ciudad de Campana, Buenos Aires, envío un abrazo y mi deseo que prospere en todo lo que emprendas y sobre tí haya derramamiento de salud, paz, amor y mucha prosperidad.

Claudio Valerio
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