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Correo de lectores: vivir en un country, en primera persona

en Breves locales/Sociedad

Recibimos un correo de uno de nuestros lectores, en el que nos manifiesta las problemáticas que atraviesa al vivir en un barrio privado. Según nuestro lector habría sufrido hostigamiento de parte del Concejo Directivo del emprendimiento, además de cumplir con «leyes difusas» y expensas muy altas.

«Vivir en un Country es una aspiración soñada por mucha gente, que en su mayoría tiene una imagen idílica de los mismos, aunque la realidad suele estar lejos de lo que todos creen y en muchos casos terminan siendo más un problema que una solución.

En mi caso vivo en el Club Privado Loma Verde de Escobar desde hace 40 años y quisiera contarles lo que pasa puertas adentro, donde las expensas caras, sumado a otras limitaciones autoimpuestas por los directivos, lo terminan convirtiendo en una experiencia asfixiante.

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Como todos los que nos mudamos a este tipo de urbanizaciones, construí mi casa con mucha ilusión y gran esfuerzo, pero desde los primeros años sufrí las agresiones de los adolescentes y las persecuciones de los que administran el barrio, por el solo motivo de querer que las cosas se hagan bien y con la participación y la opinión de todos.

La idea predominante de este tipo de urbanizaciones es que el perímetro que las separa de la «realidad exterior» es también una barrera para las leyes: adentro valen las que imponen de forma amañada sus dirigentes, sin importar si se ajustan las leyes generales o no. Como parte de esa filosofía, el que no comulga ese pensamiento es rechazado, y lo que esta fuera de esa visión se niega o se esconde.

Para lograr este objetivo de «uniformidad» los Consejos de Propietarios se forman con personas de su sector de pertenencia; por ejemplo, hubo Concejos formados por «amigos del fútbol» o «amigos del tenis» que se juntan para gobernar el country según su visión personal y logran perpetrarse en el poder por muchos años.

En segundo lugar les inculcan a los moradores un falso concepto de solidaridad, por el cual todos deben avalar las decisiones del grupo dirigente, lo que termina generando conflictos y disputas. Por ejemplo, en el Club Privado Loma Verde sigue funcionando un anacrónico «reglamento de Admisión» que incluye solicitar Certificado de Reincidencia, Informes Bancarios y pasar por una humillante «reunión previa» donde se debe explicar como esta compuesto el grupo familiar, a que se dedica cada uno de sus integrantes y se les hace conocer cual es la filosofía del lugar. Asi mismo para utilizar las instalaciones se exige el pago de una cuota de ingreso, que no figura en sus reglamentos y por tanto no debiera aplicarse.

Es casi una regla tacita que los episodios que se producen dentro de la comunidad se resuelven con los Reglamentos de la misma pero ocurre que estos son difusos y le dan una gran discrecionalidad a los que forman los denominados Concejos de Convivencia, y terminan siendo usados como un arma para intentar «disciplinar» a los disidentes; asimismo, si alguien efectúa una denuncia fuera de la comunidad, es visto como un traidor. En mi caso me tuve que convertir en un experto en «contestar Cartas Documento» para hacer frente a las presiones de los directivos, que pretenden que no existan grupos privados de WhatsApp donde los propietarios podamos compartir estos problemas.

El circuito se cierra con la actitud complaciente de la mayoría de los habitantes de esas urbanizaciones, que prefieren encerrarse en sí mismos y no enterarse de esa realidad.

Todo este panorama no es nuevo, pero hubo un punto de inflexión con la pandemia, cuando las autoridades nacionales, provinciales y municipales le dieron mas poder a los administradores de los countries para que actuarán como auxiliares en su lucha contra el coronavirus. Fue una decisión con buenas intensiones pero no tuvo en cuenta que con ello se indicia a cometer arbitrariedades por parte de los dirigentes de estos entendimientos.

Los problemas mencionados, que no son los únicos, son muy comunes en estas urbanizaciones; por ello, sugiero a los que pasen por casos similares no se dejen avasallar y analicen muy bien lo que les obligan a firmar.»

Ingeniero Ricardo Ostrovsky – DNI 10.240.304

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