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La importancia del regreso a las aulas

en Opinión/Política

El sistema educativo se encuentra frente a uno de los desafíos más grandes a los que se ha tenido que enfrentar, ya que, producto de la pandemia Covid- 19 que el hecho de no poder sostener la continuidad pedagógica y programar la apertura gradual es realmente preocupante, y se necesita de medidas que aporten a una solución integral, abarcativa, e igualitaria de carácter urgente.

La  suspensión de la presencialidad y sus efectos negativos, se manifiesta en un sistema educativo que ya era desigual social y territorialmente, situación que se profundizó en un escenario de crisis económica que avizora un 61,3% de niños, niñas y adolescentes bajo la línea de la pobreza en el segundo semestre del 2021.

Las medidas de emergencia tomadas siguen siendo escasas, cuando tenemos en cuenta que no contemplan las desigualdades sociales que aun enfrentamos, y es preocupante ver como el sistema educativo se desmorona, sin aparentes soluciones y se va frente a nuestros ojos un año perdido para miles de niños y jóvenes de nuestra provincia, que no pueden acceder a una educación digital por las dificultades que enfrentan social y económicamente, por no poder acceder a una computadora, a un teléfono celular, a la conectividad que nadie pudo prever, y teniendo en cuenta las posibilidades de cada alumno, sin contar las familias numerosas que deben compartir los dispositivos móviles, donde además muchos padres usan esos dispositivos para realizar sus labores de home office, priorizando inevitablemente las obligaciones de los adultos por sobre los niños. Se prioriza la economía familiar que también pende de un hilo.

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En Argentina, el 63% de los hogares con niños tiene computadora. Si cruzamos esta variable por contextos de pobreza, en el 40% de los hogares más pobres, sólo el 49% tiene computadora, mientras que el 40% de los hogares de mayores ingresos, la cifra asciende al 94%5. Para más de la mitad de los/as estudiantes del país (56%), el celular es la única herramienta con la que cuentan para mantener la conexión educativa. Tres de cada cuatro estudiantes estudian con dispositivos tecnológicos de uso común en el núcleo familiar. Mientras que en el sector privado aproximadamente el 90% de las escuelas mantiene contacto con sus estudiantes más de una vez por semana, en las escuelas estatales alcanza un 70%. Las clases por videoconferencia se concentran en las escuelas privadas: 73% contra 17%. De igual modo, es más frecuente el uso de plataformas educativas en los colegios particulares: 30 % contra 6 % por ciento.

Estas dificultades en materia de acceso a Internet y a los dispositivos electrónicos necesarios para asegurar un razonable seguimiento del ciclo lectivo de manera remota han derivado en la detección y categorización de dos modelos de “escolarización remota de emergencia”: uno de interacción frecuente y otro de vínculo esporádico, ambos explícitamente vinculados con el nivel socioeconómico de los/as estudiantes.

La educación debe ser una prioridad donde el planteo general debe  estar en poder garantizar igualdades, todas esas que hoy están faltando y hacen que sea cada día más difícil el acceso a la educación en la provincia, y en cada barrio, en cada familia, en cada niño; porque los colegios deben ser más que un lugar donde ir a retirar la comida de todos los días, el vínculo, el formar parte. La educación y el futuro dependen de nuestras escuelas.

Debemos poner de manera urgente a la educación en la agenda pública, en un nivel de paridad con la salud y la economía. La desigualdad educativa en todos sus niveles y modalidades, ya existente desde hace décadas, se ha exacerbado no sólo por la incidencia de la brecha digital, sino también por el deterioro socioeconómico que atraviesa la sociedad y que impacta con más fuerza en niños, niñas y adolescentes. El rol central de maestros y profesores en disminuir esas pérdidas se manifestó en su tarea encomiable de desarrollar las clases a distancia, pero las limitaciones de esa modalidad están a la vista.

La reapertura de escuelas con la higiene, la distancia, la segmentación y el cuidado necesario se vuelve urgente. Desde el siglo XIX los argentinos pusimos nuestra vida social en armonía con la educación escolar. Desde nuestros primeros años, sabemos que el ciclo cotidiano de nuestra existencia está asociado a las clases, los exámenes y las promociones.

La ley 1420 ordena en su Art. 2° que la educación primaria sea gratuita y obligatoria pero también gradual e higiénica. Gradual implica que la enseñanza de los contenidos se hace organizando a los alumnos en clases y las lecciones en años sucesivos. El año lectivo es, desde entonces, el ritmo con que las familias cumplen la obligación de educar a sus hijos y a su compás se van eslabonando las generaciones.

La pandemia hizo que 2020 sea una emergencia porque puso en peligro la salud de todos. Pero el cierre de las escuelas produjo un daño colateral enorme. El año escolar 2020 ha quedado en suspenso, pendiendo del hilo de la comunicación virtual entre maestros y alumnos. La salvación o la pérdida de 2020 como año escolar es una encrucijada dramática incomparable con cualquier otra de la historia nacional. Lo es porque una adicional cuota de desigualdad social y un desorden cultural generalizado nos exige una lucha colectiva y solidaria.

Los resultados de diversos informes dan cuenta de la imperiosa necesidad de declarar la emergencia de esta actividad esencial. Si bien los datos oficiales y de UNICEF muestran que las acciones tendientes a garantizar la continuidad pedagógica alcanzaron a más de un 80% de los/as estudiantes argentinos, la información también da cuenta que sólo la mitad tiene un contacto diario con la escuela, entre un 8% a un 21% de estudiantes no tienen retroalimentación por parte de sus docentes, y que cuatro de cada cinco escuelas no tienen vínculo pedagógico sincrónico. Esta información no hace más que ratificar una realidad acerca de las desigualdades estructurales del sistema educativo, a las que se les agrega la brecha de conectividad.

Luego de 6 meses de iniciadas estas disposiciones establecidas para el control de la propagación del riesgo epidemiológico al que nos enfrentamos, es el momento para armar un programa de emergencia educativa para definir criterios y orientaciones que acoten la incertidumbre de estudiantes, docentes, madres y padres. Trabajando de manera conjunta autoridades Nacionales y Provinciales para, en sintonía, armar una estrategia de salida a esta problemática que impacta una de las caras más crudas de la realidad, y que seguramente dejará secuelas que serán para siempre.

Debemos trabajar incansablemente para luchar por las igualdades, porque la educación nos invita a eso, a ser conscientes y accionar sobre una educación que pide y merece una reactivación que sea para todos, para volver al vínculo del docente con el alumno, ese que es irremplazable, y tan necesario.

Es imperiosa la necesidad de reabrir las escuelas primarias, jardines maternales, jardines infantes y escuelas secundarias, es esencial en estos contextos asegurar el derecho constitucional y convencional a la educación, es urgente asumir la emergencia educativa con propuestas de acción claras y colectivas.

Es ahora el momento de crear un plan que dé soluciones, ya que aun quedan meses para finalizar el año y es importante empezar a actuar cuanto antes. Además, todo lo que se disponga en recuperación de la estructura educativa se podrá extender hasta el próximo año y las nuevas normalidades cotidianizarse a largo plazo, afianzarse y efectivizarse mediante pase el tiempo.

El hecho de volver a habitar las escuelas con personal directivo, de mantenimiento y docente, con todas las previsiones sanitarias y de acuerdo a los protocolos específicos de cada jurisdicción, para empezar de manera inmediata a adecuarlas a condiciones sanitarias, espaciales, tecnológicas y pedagógicas para un futuro regreso a clases, momento cuya definición y modo está a cargo de cada jurisdicción, se puede llevar adelante mediante la disposición de grupos de alumnos, de rotación de docentes que acudan a las aulas de manera espaciada, con protocolos, distanciamiento social, medidas de higiene pertinentes y condiciones seguras para todo el cuerpo escolar y alumnos.

Cuanto antes se debe contar con un Programa para Detectar y Acompañar a estudiantes en riesgo de abandono escolar, que incluya información para identificar a estudiantes con trayectorias educativas discontinuas y riesgo de abandono o fracaso escolar, en el marco de la Ley Nro. 27.489 (Cédula Escolar Nacional), desde un abordaje intersectorial orientado a niños, niñas y adolescentes en diversas situaciones de riesgo.

Es importante reducir la brecha digital, con prioridad en los grupos vulnerables, a través de la accesibilidad gratuita a conectividad a sitios educativos y con docentes, junto con becas para la adjudicación de dispositivos tecnológicos. Éstas deben ser acciones que se integran a otras acciones básicas, en el marco del Plan Nacional Detectar y Acompañar.

Los docentes también deben ser prioridad, cumplir con transparencia las designaciones docentes de acuerdo a los procesos previstos en cada jurisdicción, priorizando a quienes se encuentren en los órdenes de mérito vigentes; compensaciones para docentes suplentes desocupados; acceso gratuito a los medios tecnológicos requeridos para el desarrollo de las actividades académicas virtuales hasta la vuelta a la presencialidad; y capacitación docente en el uso de las tecnologías en el aula y fuera de ella.

Volver a la escuela como medio, como institución, tomar la  facultad de su uso para llevar adelante la vuelta a clases, de manera segura, de manera saluble, tomando como prioridad este aspecto donde se debe garantizar por sobre todo la integridad física de todos los que asistan a las escuelas, los niños, el personal, directivos y maestros.

Los transportes escolares también deben estar sujetos a esta emergencia educativa y compensar la crisis producida por desequilibrios financieros generados como consecuencia del ASPO, con criterios equitativos, a fin de garantizar la movilidad de estudiantes y docentes que lo requieran, con las debidas previsiones de protocolos, a medida que se extiendan las posibilidades de movilidad y transporte en cada zona.

A todo esto, debemos agregar que al no tener continuidad educativa, los niños y jóvenes están en el barrio, jugando, muchas veces sin los cuidados correspondientes, y pudiendo contagiar a sus abuelos.

Por todo esto, VOLVAMOS A LAS AULAS.

Concejal Diego Castagnaro. Radicales en Cambiemos/Acción Comunal Escobar

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