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¿El asesinato de Andrea se pudo evitar?

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El horrendo crimen perpetrado por Florencio Gervasio Yaquino es una nueva muestra de la incoherencia argentina. Quienes lo conocieron lo definen como un hombre violento, un «matón», pero tenía permiso para portación de armas y trabajaba en el área de «seguridad».

La víctima, Fabiana Andrea Encina, era su ex mujer y fue calificada por todos como una mujer educada, respetuosa y muy trabajadora.

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Poco y nada se pudo conocer sobre el pasado de Yaquino. En los últimos tiempos se desempeñaba como cuidador nocturno en las dependencias de Zoonosis del municipio, aunque tras la llegada de la pandemia, por pertenecer al grupo de «alto riesgo«, gozaba de una licencia. Algunos mencionaron también un trabajo como custodio de camiones de reparto de una distribuidora de cerveza ubicada en la Ruta 26, en cuyo depósito también habría trabajado como vigilador nocturno. El permiso de portación de arma sería la consecuencia de un paso por la policía, pero la especie no pudo ser confirmada.

Compañeras de trabajo de Andrea recordaron que «la separación fue muy difícil» y que a pesar de la determinación de ella por separarse el hombre continuó insistiendo y hostigándola para volver a estar juntos. Andrea realizó la denuncia que fue correctamente diligenciada y consiguió la «perimetral«: una medida restrictiva que le impedía a Yaquino aproximarse a ella y su domicilio. También había gestionado el «botón antipánico«. Nada de eso logró evitar el fatal desenlace. En la mañana del lunes 3 de agosto, tal lo informara oportunamente el NUEVO Digital de Escobar, Yaquino se hizo presente en la oficina que El Diario de Escobar tiene en Ruta 26 y Corrientes de Maquinista Savio. Allí trabajaba Andrea desde hacía más de una década. Era la encargada de la oficina, labor que alternó con el mismo servicio en la oficina de Matheu.

Yaquino le disparó en la cabeza y de inmediato se suicidó. Los cuerpos fueron encontrados poco después por efectivos policiales de la Patrulla Rural.

Andrea Encina fue trasladada al Hospital Dr. Erill agonizando. Al día siguiente fue derivada al Néstor Kirchner, de Savio, pero a su ingreso se constató que presentaba muerte cerebral. Su familia, en un gesto encomiable, dispuso la donación de sus órganos.

Un nuevo episodio de violencia de género que deja sumidos en el dolor a los integrantes de una familia y en el estupor a miles de vecinos que siguen preguntándose cuál es el criterio utilizado para permitir que un hombre denunciado por sus actitudes violentas cuente con un permiso de portación de arma y se le asignen tareas de seguridad.

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