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¿Dónde está mi viejo?

en Editorial/General

Dramático documento de lo sucedido en la San Carlos. Por Carlos H. Maipah.

La escena parece escapada del filme argentino «Las venganzas de Beto Sanchez«, pero no lo es. El agravante es que no surgió de la febril imaginación de Ricardo Talesnik ni del ritmo dramático impuesto por Héctor Olivera. Tampoco es el impecable personaje creado por Pepe Soriano. Peor aún… no es ficción. Tiene la imparable fuerza dramática de un documental que se grabó unas pocas horas atrás y muy cerca nuestro: en la Clínica San Carlos, de Maquinista Savio.

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Esta historia comenzó cuando un vecino de Presidente Derqui, de 86 años, ingresó al nosocomio de la Ruta 26 por una fractura de costilla producto de la caída en una escalera y quedó internado. La falta de informaciones sobre su estado de salud durante dos días, sumado a los rumores de un contagio masivo dentro del establecimiento, llevaron a su hijo a ingresar a la clínica por la fuerza para realizar una frenética búsqueda que quedó registrada en su celular.

En el camino recorrió distintas áreas. Pasillos vacíos contrastan con habitaciones llenas de pacientes, prácticamente abandonados a su suerte (o desgracia, para ser más precisos). Unos pocos empleados cumpliendo con su deber hasta las últimas consecuencias, aún a riesgo de su propia vida, aparecen en imágenes que duelen, que avergüenzan, que son el fiel reflejo de la desidia con que nuestros mayores fueron tratados.

«¿Dónde está mi viejo?«, repite incansablemente el hombre una y otra vez. «¿Dónde está mi viejo?«, frase que resuena en el eco forzado de pasillos vacíos. «¿Dónde está mi viejo?«. Su voz suena entrecortada por el jadeo de la apresurada recorrida que lo deposita frente a una cama vacía y una camilla al lado. La bolsa negra encierra la peor de las respuestas. Y esa bolsa negra y la desesperada pregunta nos lleva a otro interrogante aún sin respuesta: ¿Dónde están nuestros viejos

Apenas dos semanas atrás fueron lanzados por centenas de miles a las calles, en procura del dinero que aportaron compulsivamente durante décadas y que es devuelto en cuotas miserables. Para recuperar ese magro recurso afrontaron el riesgo de contraer una enfermedad que a sus edades es mortal… y lo estamos viendo en la disparada de los índices de casos registrados diez días después de su violación forzada a la cuarentena. Ahora es el descontrol en varios geriátricos y como nave insignia las barbaridades de la San Carlos. Por eso repito la pregunta: ¿Dónde están nuestros viejos?

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Carlos H. Maipah

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