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Coronavirus COVID-19, conciencia social y prevención

en Opinión

Por Dr. Javier Farina, médico infectólogo y director del Comité de Infectología Crítica de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva.

El brote en el norte de Italia cambió todo. Muchos auguraban que era algo que iba a quedar en el sudeste asiático, con brotes esporádicos y aislados en el resto del mapa. Pero Italia, con sólo 3 casos importados iniciales de China modificó el paradigma. «Terreno fértil«, múltiples susceptibles, aproximadamente 25% de la población mayor a 60 años.

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Italia fue disparador de la segunda fase del brote. Los vuelos directos a numerosos destinos (incluido Buenos Aires) y su amplia vía de transporte con el resto de Europa llevaron a una expansión global. La que se dio muy fuerte en el resto del continente y generó la emergencia de nuevos países fuera del sudeste asiático que comenzaron a evidenciar contagios locales. A principios de marzo ocurrieron los primeros casos en nuestro país y fueron de viajeros de Italia (incluyendo el primer fallecido).

Argentina continúa, a la fecha en que escribo este texto, en fase de contención del brote. ¿Qué significa esto? Que aún no hay contagios locales, que son todos importados. Que hay que continuar con la búsqueda de los casos sospechosos y los contactos estrechos para monitorear y evitar la expansión local. ¿Se puede evitar? No alcanzan las medidas gubernamentales solas, lo vimos claramente en Italia. Se necesita la combinación de medidas del Estado y conciencia social. Conciencia social para entender que, si vengo de viaje de países con alta circulación viral, evite el contacto social (quedarme en casa la mayor parte del tiempo posible durante 14 días); y que, si vengo de esos sitios y tengo síntomas, consulte precozmente al sistema de salud. Medidas estatales que intenten un testeo masivo a cualquier posible caso sospechoso, no restringir a pocos países como candidatos a ser origen de un viajero infectado con el virus, si no buscar testear masivamente a todo viajero que ingresa (al menos desde países del hemisferio norte). Este testeo masivo lo implementó Corea del Sur desde el inicio del brote con buenos resultados, y Argentina amplió sus recomendaciones el día 10 de marzo.

La prevención de la transmisión de COVID-19 no se basa en el uso de insumos costosos. No necesitamos usar barbijo en la vía pública si no tenemos síntomas, incluso el retiro del barbijo sin la técnica correcta puede incrementar la chance de infección por contactar con el rostro. El lavado de manos es, sin duda, la medida más eficaz. Y sí, sé que repetimos mucho esto, sé que a veces suena a consejo «de barrio«, pero es real y diversos trabajos científicos lo han evaluado y demostrado. Agua y jabón son suficientes ya el jabón desnaturaliza la envoltura de los virus envueltos (valga redundar) y el arrastre del agua colabora con eliminar secreciones. Si estoy en la vía pública, puedo usar alcohol en gel, un producto bien conocido en la actualidad. El contacto con superficies que contengan secreciones con el virus y luego llevarnos las manos a la cara sin haberlas lavado antes es otra vía de contagio, se evita simple: lavarse las manos. ¿Qué más? Ventilemos ambientes, limpiemos superficies en casa y en el lugar de trabajo y evitemos eventos masivos. Vacunémonos para la influenza y el neumococo quienes tengamos indicación. Estos dos microorganismos siguen infectando y matando más personas que COVID-19, y la población de riesgo de eventos graves es la misma para los tres.

Tenemos información de la experiencia de otros. El Estado y la sociedad pueden y necesitan adoptar medidas para evitar un brote desmedido. Lavémonos las manos literalmente y evitemos «lavarnos las manos» en nuestras conductas.

(Télam)

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