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Refuerzos, vacunas en adolescentes e inmunidad colectiva

en Vida saludable

A partir de mediados de febrero los consultorios cambian su perfil de sala de espera y los bebés que, de mayo a fin de año, fueron los protagonistas dejan lugar a los niños y adolescentes en edad escolar.

El comienzo del año del pediatra será intenso y con agenda de turnos cargada de pacientes en edad escolar. Colegios, clubes, natatorios, escuelas de teatro, artes marciales, canto y por qué no, danza y acrobacia, piden el apto físico para que los chicos de manera saludable puedan realizar alguna o varias de estas actividades. Muchos de estos niños y adolescentes acudirán solo en este momento del año por lo que sin duda no podemos perder esta oportunidad para revisar sus carnets de vacunación. La revisión periódica de los carnets de vacunación por parte del pediatra, vacunadores y demás agentes vinculados a las inmunizaciones permite mantener los esquemas actualizados. Es ahí, en el momento de la consulta donde debemos enfatizar la importancia de estar correctamente protegidos.

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Podríamos decir entonces, que luego de haber recibido refuerzos de vacunas entre los 15 y 18 meses, el ingreso escolar y el comienzo de la adolescencia nos dan una nueva oportunidad para actualizar los esquemas de vacunación y ordenar los refuerzos correspondientes.

¿Y porque son importantes los refuerzos? La inmunidad humana tiene sus debilidades y no todos los anticuerpos que generan las vacunas en los primeros años de vida se mantendrán a niveles protectores para siempre. Es por eso que todos tenemos que recibir dosis de vacunas a modo de refuerzo para mantener a los anticuerpos elevados en el tiempo. Los primeros refuerzos se darán al año de vida para prevenir las neumonías y entre los 15 y 18 meses para mantener elevada la inmunidad contra difteria, tétanos, tos convulsa, poliomielitis y enfermedad por meningococo.

Al ingreso escolar, entre los 5 y 6 años, los chicos tienen que recibir refuerzos de vacunas para continuar protegidos contra la poliomielitis, tos convulsa, difteria, tétano, sarampión rubéola y paperas. Por otro lado, los adultos deben reforzar cada 10 años la prevención con vacuna antitetánica y antidiftérica.

Pero no todo es refuerzo, en esta etapa escolar y a los 11 años, tanto niños como niñas deben recibir el esquema inicial obligatorio para protegerse de la infección contra papiloma virus humano (HPV), que en algunos casos puede derivar en cánceres si no se previene adecuadamente con esta vacuna y los controles médicos pertinentes.

El programa de inmunizaciones incluye, además, la vacuna tetravalente de meningococo a partir de los 3 meses de vida, con una segunda dosis a los 5 meses y un refuerzo a los 15 meses. A su vez, también debe reforzarse a los 11 años. La enfermedad por meningococo es de comienzo repentino y puede dar casos de meningitis o infecciones graves sobre todo en niños pequeños menores de un año y adolescentes. Es válido destacar que los adolescentes tienen la particularidad de «convivir» o portar los meningococos en su nariz o garganta de manera asintomática, pero pueden contagiar a otras personas que pueden enfermarse. Por esto, es importante que los adolescentes se vacunen no solo para protegerse a sí mismos, sino también para evitar la propagación de esa bacteria a niños y adultos.

Este fenómeno llamado protección de rebaño, es quizá uno de los argumentos más contundentes sobre por qué tenemos que vacunarnos. Si las personas no se vacunan aumenta su propio riesgo de enfermarse y de contagiar a los demás. El brote de sarampión observado en el mundo es un ejemplo claro de que, cuando no se completan los esquemas de vacunación, las enfermedades resurgen. Es por ello que en estos momentos debemos reforzar los esquemas de vacunación antisarampionosa tal como lo indican los organismos nacionales de salud.

Nos encontramos en un mundo interconectado como jamás se había visto y de acuerdo con algunos registros y dependiendo el momento del día, puede haber en el cielo entre 8.000 y 20.000 aviones en un mismo momento. Este fenómeno de interconexión nos ha traído inimaginables beneficios para trasladarnos de un lugar a otro, pero hay que ser consciente de que el tráfico de tantas personas alrededor del globo terráqueo favorece la trasmisión de enfermedades, y en pocos días una patología infectocontagiosa que se detecta en cualquier punto de este planeta puede propagarse rápidamente hacia destinos lejanos.

Los refuerzos al ingreso escolar y las vacunas en adolescentes y las recomendaciones ante el riesgo de brotes son una parte fundamental de la estrategia integral para la prevención de las enfermedades prevenibles por vacunas y es responsabilidad de todos mantener los esquemas completos.

Por Dr. Norberto Giglio (MN 84374), pediatra especialista en epidemiología del Hospital de Niños Ricardo Gutierrez. (Télam)

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