A 27 años de su muerte aún se recuerda con gran nostalgia al “Padre de la Pediatría Argentina”, el  doctor Florencio Escardó, quien falleció el 31 de Agosto de 1992 a los 88 años.

Hijo de padres uruguayos, nació el 13 de agosto de 1904 y desde muy joven se interesó en la medicina. Finalizó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires y en 1929, logró conseguir su título de médico en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Años más tarde se convirtió en decano de esa Facultad y posteriormente en vicerrector de la Universidad, estos fueron puestos desde los que lograría tiempo después impulsar una reforma criticada en aquel entonces: hacer mixtos los colegios de la Universidad, el Nacional donde había estudiado y el Comercial Carlos Pellegrini.

Como profesional de la medicina desarrolló su carrera médica en hospitales de Buenos Aires, pero donde su sello logro imprimirse demostrando un humanismo sin par, fue en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. Allí ejerció como jefe de Pediatría por 45 años y gracias a su experiencia tuvo un gran gesto hacia los paciente y sus familias. Al contemplar la situación de los niños internados, advirtió que el limitado contacto con las familias les producía sensación de abandono y falta de cariño, hecho que los debilitaba además anímicamente. Así fue que en la sala a su cargo, la número 17, implementó la medida de internar a los niños enfermos junto a sus madres. Escardó entendió que nadie puede confortar mejor a un niño que su propia madre

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Escardó no se conformó con solo ser el padre de la pediatría Argentina o profesor, también se dedicó a la escritura científica y profesional y además incursionó en el humor y la poesía. Junto a su esposa, la psicóloga Eva Giberti, dirigió una revista vinculada con la niñez, adolescencia y juventud, que se llamó “Nuestros Hijos”. Durante años Escardó incluso dedicó su tiempo a escribir una columna en la edición dominical de La Nación, bajo el seudónimo “Piolín de Macramé”. En sus columnas escribía crónicas cortas sobre diversos temas.

Gracias a sus grandes aportes y trayectoria en 1984 le otorgaron a modo de reconocimiento el Premio Konex de Platino y fue declarado “Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires”. Hasta el dia de su muerte conservó su consultorio privado en la Av. Santa Fe, en el que atendió  y utilizó como estudio para su trabajo científico hasta su muerte , el 31 de agosto de 1992 a los 88 años.

Florencio Escardó recibiendo el premio por su reconocimiento de la fundación Konex

Tras 27 años de su ausencia Daniel Sadofschi, Contador Público Nacional recibido también en la UBA y gran seguidor de Escardó, lo recuerda con nostalgia y relata en una nota en el diario Los Andes su encuentro con el Doctor. La entrevista se concretó en el marco de la caída de la primer estación espacial no tripulada llamada Skylab el 11 de julio de 1979. Cuando las autoridades anunciaron el cese del proyecto y reconocieron cierta incertidumbre sobre el destino de la nave, el contador sintió la necesidad de desahogarse utilizando la escritura para plasmar la indignación que tenía. 

De acuerdo con el relato de Sadofschi, el domingo siguiente a la caída de la estación espacial leyó en La Nación la columna de Piolín de Macramé titulada “Los niños y el Skylab”, que coincidía casi palabra por palabra, con las suyas. Ante semejante coincidencia logró contactar con Escardo y asi concretar una entrevista que duró más de dos horas. El encuentro se centró en el escrito que Sadofschi había realizado y su similitud con la columna de Escardó. En este sentido cuenta el contador que para el doctor la semejanza entre los dos escritos para él era un hecho con una explicación científica.

Durante la entrevista Escardó relato sus ideas y explicó que ”la cuestión era parte de las investigaciones científicas a las que estaba dedicado en los últimos tiempos, respecto a la energía mental generada por las personas con sus pensamientos, y transmitida por ondas extrasensoriales.” Continuó contando con detalles que para el Doctor no era posible saber si la energía de Sadofschi o la de otra persona que había generado la idea, los conceptos parecidos, había mudado hacia él o viceversa, pero que estaba seguro que esa corriente ocurría. Así es como actualmente el contador conserva intacta la visión sobre el tema y recuerda con gran afecto al Padre de la pediatría Argentina.

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