El padre llamó a la casa y fue atendido por su hija de 18 años. «Llama a tu madre que necesito hablar con ella».  La hija respondió: «Va a tardar un poco.  Ella está barriendo el patio trasero». El padre le llamó la atención:  «¿Es que no te avergüenzas de estar en casa, sin nada que hacer, mientras tu madre está trabajando? Ve a ayudarla, al menos”.

La hija se justificó: «No puedo, sólo tenemos dos escobas  y la otra está con la abuela, que nos está visitando y está barriendo toda la casa.»

Es increíble comprobar que, muchas veces, somos semejantes a aquella  joven. Todos están trabajando y nosotros nos quedamos en casa, viendo televisión o en las fiestas de este sociedad consumista, que nada nos añaden, a no ser el engaño de una alegría pasajera que pronto acabará.
¿Y nosotros? ¿Qué hacemos más allá de murmurar y ver defectos en todo?…  ¡Nada!

La violencia está aumentando en todo el mundo. La falta de amor se percibe en todas partes. El pecado ha estado sentado en la silla donde la iglesia debería estar. La luz de Cristo ha estado apagada en la mayoría de las iglesias.  ¿Por qué? Porque hemos dejado que otros tomen la «escoba» del trabajo cristiano  mientras, indiferentes, estamos acomodados en nuestro desinterés espiritual.

Si la iglesia no se despierta inmediatamente… ¿A dónde iremos a llegar?

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Claudio Valerio

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