Un hombre no tenía una colocación fija y, por eso, hacía pequeños trabajos. Un día estaba arreglando un tejado que tenía varias tejas rotas. Mientras trabajaba, cantaba alegremente alabando a Dios.

Un amigo que  pasaba, lo vio cantando y dijo: «Me  parece feliz, aun haciendo pequeños servicios. ¿Y si un día tienes un accidente o te enfermas; como te mantendrás?» El hombre contestó: El Señor es mi Pastor, Él no dejará que me falte cosa alguna.

¿Hasta dónde va nuestra confianza en Dios? ¿Solamente cuándo todo va muy bien para nosotros?  ¿Cuándo tenemos un bueno empleo, con buen salario?  ¿Cuándo estamos gozando plena salud? ¿Solamente en días soleados, sin tempestades?

¿Hemos comprendido que a veces somos probados para que crezcamos en nuestra vida espiritual? El «nada me faltará» ¿es solamente un versículo decorado o una certeza que nunca nos alejará de la presencia del Señor? ¿Nuestra alegría es solamente una experiencia en momentos esporádicos o una experiencia que nos conducirá por toda la eternidad?… ¿Hasta qué punto el «El Señor es mi Pastor» es verdadero en tu vida espiritual?

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Claudio Valerio

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