Gracias a dos conocidos vecinos de Escobar fueron parte de una historia con final feliz. Los compradores del histórico restaurante de la calle Asborno tiraron todo lo que había allí, pero los ángeles del pórtico tuvieron otro desenlace.

Juan Manuel Domenech, vecino de Belén, pasaba por el histórico edificio donde funcionó Die Engel y vio la situación: los nuevos dueños del lugar estaban tirando todo lo que había allí: no solo basura, también heladeras, la vajilla y… los dos ángeles del pórtico.

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“Los ángeles de Die Engel son testigos privilegiados de los últimos cuarenta años del pueblo”, expresó Eduardo Noé, reconocido escultor escobarense, quien recibió el llamado de Domenech, informándole de la situación. Tras pedir permiso, había cargado los dos ángeles en su auto y comenzaba un nuevo futuro para las estatuas.

“Como los ángeles estaban rotos, Juan Manuel se comunica conmigo para restaurarlos y rápidamente nos ponemos de acuerdo en que yo me encargo de la restauración y el de donarlos al museo”, relató Noé, tras entregarlos esta semana al Museo Campiglia.

“Los ángeles de Die Engel son testigos privilegiados de los últimos cuarenta años del pueblo. Han visto todo lo que te puedas imaginar, y jamás han dicho una palabra. Son los seres más sabios del partido. Fueron la postal icónica de Escobar, el foco ritual de cada turista. Son patrimonio de todos, y desde ahora están donde deben estar, alumbrando futuro en el Museo de Escobar”, añadió.

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