Cuando una mujer da a luz a un hijo, muy seguido su mamá viene a ayudarla.  La mujer mayor le da el apoyo personal.  Comparte su experiencia en ser ambas esposa y madre.  Y hace un montón de tareas de casa. 

A lo mejor pensamos nosotros que María va a su parienta Isabel con este motivo.  Después de todo, Isabel es de edad avanzada de modo que probablemente ya no tenga mamá.  También María parece como el tipo de persona que siempre presta la mano a otra persona en necesidad.

Sin embargo, el evangelio no dice nada del propósito de María para la visita.  Dice sólo que el ángel le informó del embarazo de Isabel cuando María le preguntó cómo pudiera una virgen concebir aun hijo.

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Gabriel quería asegurarle que Dios puede hacer maravillas.  Se puede presumir entonces que con su visita a Isabel María está cumpliendo la palabra de Dios.  En este mismo evangelio según Lucas Jesús diré: “’Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra y la cumplan’”.

Jesús tiene en cuenta a todos los cumplidores de la palabra, pero particularmente a su propia mamá.  Pues ella es la primera persona para cumplirla.  Por eso, se puede decir que María es madre de Jesucristo en los dos sentidos. Es su madre de la carne y también es madre de espíritu.

Por su puesto, esta misma relación con Jesús es de nosotros cuando cumplimos su palabra.  Somos madre y hermanos de Jesús cuando visitamos a los enfermos y socorremos a los pobres.  Somos madre y hermanos cuando resistimos la tentación de mentir o de perder la paciencia con otras personas.

La visita de María a Isabel confirma lo que el ángel ha dicho sobre el poder de Dios para crear embarazos maravillosos.  También demuestra la verdad de otra parte de su mensaje que realmente es más importante.

Le contó a María que Dios le dará a su hijo“’el trono de David, su padre, y su reinado no tendrá fin’”.  El salto que hace la criatura de Isabel cuando María entra en su casa indica esta majestad. María lleva en su seno a Jesús, el rey de reyes, que el profeta Juan reconoce aunque todavía no ha nacido.

La primera lectura habla del efecto de su reinado.  Dice que el jefe de Israel nacerá en Belén para pastorear a Israel.  Estamos acostumbrados de fijarnos en la primera parte del mensaje porque Jesús nació en el mismo pueblo.  Sin embargo, vale mucho hacer caso a la segunda parte también.  Como dice la lectura, Jesús “será la paz” que causará al pueblo habitar tranquilos.  Nosotros, el nuevo Israel, nos aprovechamos de esta promesa. Siguiendo los modos de Jesús, el pastor supremo, no hay nada que puede causará nuestra ruina.

El otro día el periódico reportó que los polvos talco tienen asbesto, una causa de cáncer.  Ciertamente muchas madres van a preguntarse si están haciendo bien por usar el polvo en sus bebés.  No querrán que sus hijos se descubran con cáncer en cuarenta años.  Sin embargo, fortalecidos por el conocimiento de que Jesús es nuestro pastor, no tienen que angustiarse.  Él protegerá a sus hijos por darles la paz interior.

Es igual con todos nosotros cuando oímos de nuestros amigos batallando cáncer.  El Señor Jesús nos protegerá de los efectos más perniciosos de la maldad.  Sí, será posible que el cáncer nos aflija a nosotros también.  Pero siguiendo al Señor, ofreceremos el sufrimiento por el beneficio de los demás.  De esta manera no estaríamos sufriendo en vano.

La Navidad está encima.  Hay dos maneras para celebrar esta gran fiesta.  Podemos meternos en los placeres que acompañan las festividades.  Así comeríamos y beberíamos hasta que nos olvidemos de cáncer y todos los otros problemas. 

O podemos acogernos a Jesucristo, el pastor de Israel.  Así disfrutaríamos de los deleites del tiempo pero con más sensatez. Más al fondo comprometeríamos a los modos del Señor.  Si seguimos el primer camino las preocupaciones van a aparecerse de nuevo causando la angustia.  Si escogimos el segundo, el gozo de tener a Jesucristo va a quedarse en nuestro corazón.  Espero que siempre nos acojamos al Señor Jesús.



Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires) recibe un saludo, y mi deseo que Dios te bendiga y prospere en todo lo que emprendas, y derrame sobre tí Salud, Paz,Amor y mucha prosperidad.



Claudio Valerio

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