La xenofobia no resuelve el problema de la inseguridad

en Editorial

La xenofobia existe solo cuando el extranjero es pobre. Y acusarlo de ser quien trae de sus pagos el delito a este país de carmelitas descalzas es falso, ya que solo el 1% de los jóvenes imputados no es de Argentina.


 

En el capítulo 23 de la séptima temporada de Los Simpsons, el alcalde Diamante saca un as bajo la manga cuando una turba de contribuyentes se quejaba de los impuestos y acusa a los inmigrantes ilegales. Primero sorprendidos, los vecinos tragan el mensaje que ya llegó masticado y no hubo otra que tragarlo.

En tiempos de crisis económica, laboral, de recesión y con una inseguridad que no es sensación, se volvió a instalar la xenofobia como solución a problemas de una manera burda, poniendo sobre la mesa la pos verdad.

Es que reducir las políticas de Estado a cuestiones ligadas al lugar de nacimiento, o a la nacionalidad que figura en un documento de identidad, puede derivar en una sistemática violación de derechos. Y podría afectar principalmente a niños y adolescentes.

En territorio bonaerense, los datos oficiales muestran que los extranjeros representan solo el 1% de los jóvenes de entre 16 y 17 que están imputados por la Justicia Penal Juvenil. En ese sentido, sobre un total de 2.434 jóvenes, el 99% de aquellos que durante el año 2017 formaban parte del Registro de Procesos del Niño eran de nacionalidad argentina.

En momentos de crisis, muchos sectores políticos optan por reduccionismos que no constituyen una solución a problemas tan graves y complejos como la inseguridad y el narcotráfico, y hasta pueden agravar aún más la situación.

Medidas similares a las que ahora se intentan instalar en la Argentina comenzaron a instrumentarse en Estados Unidos, generando una grave situación humanitaria. En los últimos meses, más de 2.000 NNyA fueron separados de sus padres a raíz de las deportaciones, que se aplicaron por distintos motivos: desde haber cometido algún delito hasta tener la visa vencida.

Cabe destacar que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha dejado en claro que cualquier política migratoria respetuosa de los derechos humanos “debe evaluar, determinar, considerar y proteger de forma primordial el interés superior de la niña o del niño afectado”.

Por ello es indispensable ponerle un freno a la estigmatización, la discriminación y la exclusión de las personas migrantes causadas por la asociación automática entre migración y delito. Cuando se mira para otro lado y se patea, el problema no solo no se soluciona, sino que nuestra propia ignorancia y prejuicios están más lejos de sacarlos de nuestro ser.

 

Gustavo García

Periodista, docente, descendiente de Doña Eugenia Tapia de Cruz

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