El poder de las palabras

en Opinión

Las palabras tienen mucha fuerza, con ellas podemos destruir lo que hemos tardado tanto tiempo en construir. ¿Cuantas veces una palabra fuera de lugar es capaz de arruinar algo por lo que hemos luchado? ¿Cuantas veces una palabra de aliento tiene el poder de regenerarnos y darnos Paz para volver a empezar?.

La prudencia es admirable por ser fuente de sabiduría, pues en ella se fundamentan los bienes de la humanidad. Ante este raciocinio, cabe preguntarnos si hemos sido conscientes de que pedimos mal, lo cual genera en nosotros mismos tristeza, desconsuelo y aflicción, y nos hace desconocer la generosidad de Dios que nos asegura con claridad que le dará consistencia a nuestras vidas.

Nosotros podemos atesorar riquezas siempre y cuando éstas se limiten a ocupar un lugar en nuestras casas, no en nuestros corazones. Podemos dedicarnos a incrementar nuestras fortunas y recursos, siempre y cuando lo hagamos de una manera que sea no solo justa sino también honrada y caritativa, y que además dediquemos esa fortuna para honrar y glorificar a Dios. Nuestra obligación es amar a Dios por sobre todas las cosas, y después de eso amar a los demás.

Nuestras posesiones no son nuestras, Dios nos las ha dado para que las cultivemos y es Su deseo que las hagamos fructíferas para beneficio del Reino en la tierra. Por lo tanto, nuestra obligación es cuidarlas y hacer uso de ellas según Su voluntad.

Liberarnos de nuestras posesiones significa apartar de nuestras vidas todo lo que sea superfluo y que no provenga de Dios. Debemos avanzar paso a paso. No podemos pretender llegar al lugar en el que aspiramos estar en un solo día.

Una persona generosa puede lograrlo todo con la ayuda del Creador. Debemos asegurarnos en todo momento de poner la esencia misma de nuestros corazones en manos de nuestro Salvador. Entonces veremos que a medida que Dios va asumiendo Su lugar en nuestros corazones, el mundo y todas las búsquedas inútiles irán quedando a un lado y así podremos vivir llenos de dicha, y en completa y perfecta libertad de espíritu como hijos de Dios.

 

Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires), recibe un saludo, y mi deseo de que Dios te bendiga, te sonría y permita que prosperes en todo, y derrame sobre ti, Salud, Paz, Amor, y mucha prosperidad.

 

Claudio Valerio

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