Se trata de Graziella Sureda, actriz, profesora y directora de teatro, quien días atrás vivió la horrible experiencia del secuestro virtual de su hijo.


 

Vivió una madrugada llena de angustia y miedo que necesitó compartir, para advertirnos acerca del flagelo de los secuestros virtuales:

“Queridos amigos: casi nunca escribo sobre mis incidentes personales, trato de compartir mi arte y buenas ondas para ustedes. Vieron que muchas veces nos comunicamos sobre hackers que pueden dañar nuestra computadora, y me siento en la obligación de compartirles la experiencia que viví anoche para proteger algo más importante que una computadora: ustedes mismos.

Recibí a medianoche una llamada a mi teléfono fijo, me hablaba mi hijo diciendo que le habían robado, lo tenían apuntando con un arma, que tenía la boca rota, sangrando y le amenazaban con cortarle un dedo, que buscara toda la plata que tenía, pedían 40.000 dólares, era imposible para mí, y me decía que lo hiciera porque luego el dinero no me serviría para nada. Luego me hablaron ellos de tal forma, que les aseguro que uno se bloquea: no a la policía, no llamar a nadie, no usar el celular porque lo tenían controlado, no hacer ningún movimiento, etc., etc.

Junté lo que tenía, sabía que con ese monto no llegaba para nada, pero dejé la bolsa donde me dijeron. Les puedo asegurar que era la voz de mi hijo (es increíble cómo en estado de shock, uno puede escuchar lo que no es). Ustedes me dirán por qué no llamaste a este o al otro… no reaccionamos. Lo más importante es salvar a tu hijo. Hoy me entero que, en mi cuadra, a un abuelo le pasó lo mismo con su nieta. Que las llamadas se pueden estar haciendo desde las cárceles.

Mi hijo está bien, gracias a Dios. Pero les pido que difundan este suceso entre sus familias y amigos, tengo amigos periodistas en mi lista y les ruego que lo difundan, no lo que me pasó a mí, sino lo que está pasando. Sería una forma de sentir que las cosas siempre por algo pasan, y puedo hacerles un aporte para que ustedes eviten vivir algo como esto. Les mando un abrazo, mi hijo y yo estamos bien, el dinero no paga nada de eso. No importan los protagonistas de esta historia, sino la historia. ¡DIFUNDAN! ¡Gracias!”

Se recomienda establecer una “contraseña familiar” para frustrar este tipo de delitos, y tratar de establecer contacto con la persona presuntamente secuestrada, es decir, si recibimos el llamado al teléfono fijo, tratar de llamar con el celular, y viceversa. Hay que estar alerta, y bajo ningún concepto brindar datos personales o de crédito telefónicamente ante un llamado de estas características. Personalmente me pasó: recibí casi a medianoche un llamado de una empresa de seguros o algo así, y al negarme a brindarles mi información personal, finalizaron la llamada. Hay que tener mucho cuidado y tratar de pensar en frío para no caer en la trampa, aunque generalmente es dificultoso por tratarse del posible peligro de familiares cercanos, como le pasó a esta querida vecina de Escobar.

 

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