Por Claudio Valerio

Se cuenta que Napoleón, en el ápice de su carrera, al ser preguntado por alguien si Dios estaba del lado de Francia, de manera cínica, contestó: «Dios está del lado de quien tenga la mejor artillería». Entonces vino la Batalla de Waterloo, donde Napoleón perdió tanto la batalla como su imperio. Años más tarde, exiliado en la isla de Santa Elena, derrotado y humillado, Napoleón citó las siguientes palabras de Thomas Kempis: «El hombre propone, Dios dispone». Ésta es una lección que la historia nos afronta a todos. Dios opera Su voluntad soberana; a pesar del hombre.

Muchas veces pensamos que somos capaces de realizar grandes cosas y alcanzar grandes conquistas, solamente por nuestra capacidad y fuerza. Creemos que no necesitamos de nadie y que Dios no hará ninguna diferencia en nuestras cuestiones personales. Hacemos lo que queremos, de la forma que queremos y a la hora que queremos. Ignoramos a Dios… Y solo percibimos nuestro gran error cuando el chasco y la frustración de la derrota nos alcanzan y nos derriba.

Que quede bien claro, y tenemos de creer en eso que, «sin él, nada podemos hacer». Es nuestra fuerza, nuestra inspiración, nuestra motivación, la dirección para todos nuestros pasos y para todo cuanto anhelamos en la vida. Es la certeza de la victoria y el camino para la verdadera felicidad.

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Podemos planear cualquier cosa. Podemos hasta pensar que nuestros sueños son buenos y el mejor para nuestro éxito y alegría. Sin embargo, ¿serán ellos de la voluntad de Dios? ¿Traerán, realmente, el regocijo que esperamos? ¿Serán canales de alegría para nuestra vida espiritual?…

¿O, en verdad, nos alejarán de la vida abundante?

¡Dios sabe lo que es mejor para nosotros!… Dejemos que él nos dirija y no habrá posibilidad de que erremos el camino.

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