Mi intervención en un medio periodístico sólo se explica por mi necesidad de contribuir a la difusión de una herramienta moderna que – presumo – constituirá el principio de una nueva manera de conocer qué ocurre a nuestro alrededor.

Preparado para enfrentar el desafío de lo nuevo no medité respecto al cambio mayor, cual es el modo diferente de expresarse. Quienes tienen la responsabilidad de escribir en este Nuevo Digital están desde el punto de vista etario más cerca de mis nietos que de mis hijos.

Hombre grande, no reparé en síntesis en que no sólo se cambiaba lo digital por el papel; el cambio alcanzaría inexorablemente al modo de expresarse, en un idioma diferente a aquel que lucieran La Nación o La Prensa en mis años jóvenes. Mi error; mis disculpas.

Una polémica entre los Sres. Costa y Hirose – nombrados en orden alfabético – no forma parte de mis reflexiones porque ninguno de los mencionados requiere de mi interpretación y mucho menos de mi defensa; la menciono porque nuestro periodista manifestó (sic) “El edil apuntó contra el japonés…” y la forma utilizada – lo admito – me inquietó hasta irritarme.

Me molestó la forma porque en el fondo el calificativo no connota insulto alguno. En nuestro país todo español es gallego, todo italiano es tano, todos los judíos son rusos y los sefaradíes turcos y a pocos molesta, a nadie enoja realmente.

Estoy convencido que el término usado lejos de molestar al Sr. Hirose de algún modo lo distingue; japonés en nuestro medio es sinónimo de cultura, honestidad, seriedad.

¿Por qué me molestó entonces? Pues porque jamás se me ocurriría tratar con familiaridad a quien ostenta un cargo tan importante. Me ganaron las formas.

Estoy seguro que nuestro periodista no tuvo la intención de menoscabar su autoridad y probablemente lo hizo hasta por afecto personal. Ensayo una opinión porque él tampoco necesita de mi defensa.

Con el correr de los años deberé acostumbrarme a que me tuteen desconocidos o que un mozo nos pregunte “¿qué quieren tomar chicos?” aunque se dirija a septuagenarios o tras escuchar el pedido asienta con un “¡dale!”

¿Por qué asombrarme si un prestigioso periodista acaba de tutear en una entrevista a una ex presidente? Después de todo creo que ninguno de mis nietos utiliza el Usted, que yo utilizaba con mi venerado abuelo… y mis padres con sus padres.

Cambia… todo cambia. Esperemos que para mejor.

 

*Por Rodolfo Koval

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