Por Carlos H. Maipah

Los viejos y memoriosos seguramente recordarán el escándalo que desató el pase de Hugo Orlando Gatti, hasta entonces arquero de River Plate, a su archirival Boca Juniors. Debieron pasar muchos años para que el pueblo argentino comprenda la presencia de Ricardo Balbín en el velatorio del General Perón y los fans de Chevrolet consideraron el pase de Guillermo Ortelli a Ford como un acto de traición. Aquellas profundas convicciones forman parte de una etapa ya superada en todos los órdenes. Esos principios irrenunciables fueron desplazados y la frase de Groucho Marx “estos son mis principios pero si no le gustan tengo otros” tiene cada día más vigencia tanto en el deporte como en la mayoría de los órdenes de la vida… y la política no es la excepción a la regla.

Sin embargo, la aparición de sobres con boletas de Cambiemos, con el segmento local de Leandro Costa reemplazado por la boleta local de Unidad Ciudadana, desató en las redes sociales una seguidilla de denuncias. En muchos casos la reacción fue definir este procedimiento con la palabra “fraude”.

En el supuesto que esas boletas hubieran sido distribuidas por orden de Ariel Sujarchuk (algo que por el momento nadie ha podido establecer) podríamos hablar de una “picardía” y podríamos definir la jugada como “poco ética” para con su propio espacio político, ya que las partes descartadas son la de su jefa y la de sus compañeros. Claro… también podría haber sido preparada por los candidatos nacionales y provinciales de Cambiemos, quienes tienen en claro que alguien dispuesto a votar a Leandro Costa, difícilmente no pueda advertir que en su lugar figura Sujarchuk.
En un afanoso intento por asegurar la victoria, intentan capturar a un sector del electorado independiente con una propuesta orientada a quien deja de lado las estructuras partidarias y prioriza el apoyo a dos gestiones que le parecen las más viables para los dos años que restan.
Por supuesto que este “voto” delivery también pudo ser fabricado con miras al descrédito del denunciado y hasta por integrantes de un tercer partido político, con en fin de generar zozobra ¿Y por qué no imaginar una acción desestabilizadora proveniente de sectores “ultra”?
Que a esta altura de los hechos la campaña transite por destrucción de carteles, golpizas a militantes,o distribución de boletas con segmentos cambiados me repugna, pero… ¿Sabe qué es lo peor? Lo peor es que me desilusiona, me hace perder credibilidad en las promesas de una política sana, con gente que desea el bienestar de sus vecinos.
Una vez más quedan todos bajo el paraguas de la sospecha.
Retomando la aparición de esas boletas, a pesar de los cuestionamientos morales que podemos hacer, no constituye delito alguno. Por el contrario, personalmente creo que muchas veces resultaría beneficioso para la gente abandonar la práctica de la boleta completa y que cada persona elija a conciencia al candidato que le resulta más apto para cada cargo. Después de todo cuando elegimos a un presidente estamos eligiendo una posición ideológica y cuando elegimos a un intendente buscamos a alguien que pueda y sepa gestionar.
Hay sobradas muestras que no siempre los intendentes oficialistas son los más beneficiados. Muchas veces “cobra mejor” un intendente de otro espacio, al que buscan seducir en espera de un “salto” a otro espacio.
¿Sabe qué es lo bueno de todo ésto? Que queda demostrado que la política en su vieja concepción está en vías de extinción. Las marchitas, los escudos, los colores, las pegatinas, el reparto de boletas, la alteración de las boletas, son todas historias del pasado. Para bien o para mal, la política está cambiando y la responsabilidad de estos cambios no recae en los políticos sino en los cambios surgidos en la forma de comunicación. Hoy para comunicar ya no es necesario ser candidato por determinado espacio político. Tampoco precisa de un medio de comunicación. Cualquiera puede expresarse a través de las redes sociales y en la medida que sus opiniones ganen el respeto de sus vecinos y quien las vierta resulte creíble, esa red social va a crecer y superar cualquier límite.
Mientras tanto… pan y circo.
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