Por Carlos Maipah

Polémico, controvertido, Luis Patti continúa siendo un mito en Escobar. A las múltiples historias ya conocidas de sus tiempos de policía y a las innumerables anécdotas de sus dos períodos al frente de la comuna de Escobar se sumarán ahora los relatos que, a partir de hechos aislados y trascendidos no comprobados, el imaginario popular aceptará como sucesos reales y repetirá una y otra vez hasta convertirlos en historias que todos contarán como ocurridas. Seguramente habrá muchas verdaderas y otras imaginadas o fruto de la deformación propia de aquellos hechos que corren de boca en boca. Lo cierto es que a pocos días de recibir el beneficio que le permite continuar purgando la condena en su casa, junto a su esposa y su hija, la opinión pública se encolumnó en dos bandos que no admiten medias tintas. De un lado están sus detractores, que no se privan de gritar a los cuatro vientos las acusaciones por asesinato, colaboración con la dictadura, genocidio y todo tipo de epíteto descalificativo. Por el otro sus defensores rescatando su gestión, su fama de “justiciero”, el orden establecido y su compromiso en la lucha contra la delincuencia. A pesar de estar ubicados en las antípodas, ambos bandos coinciden en algo: la pasión con que defienden sus posturas.

Seguramente la realidad transite por un camino medio, zigzagueante, con capítulos dignos de elogios y otros que hubiéramos preferido no conocer o, mejor todavía, que no hubieran ocurrido. Convengamos que no era fácil el oficio de policía en aquellos tiempos y mucho menos, aún, para un jovencito recién egresado de la Vucetich.

Luis Patti ha comenzado ahora una nueva etapa, tras diez años de prisión. El deterioro de su salud llevó a los magistrados a concederle un beneficio reclamado infinitas veces y otras tantas rechazado. Y como no podía ser de otra manera, tras la determinación judicial comenzaron las especulaciones de todo tipo, tanto a favor como en contra. Claro… en el camino a su traslado a la casa del Barrio Cerrado Septiembre hubo significativos cambios en el escenario político nacional. Sin dudas que el más notorio fue la salida del poder del kirchnerismo, de estrechos vínculos con las agrupaciones de Derechos Humanos, pero hubo otros. Los escándalos en que Hebe de Bonafini y la agrupación Madres de Plaza de Mayo se vieron involucrados hicieron que esta agrupación perdiera su popularidad y por ende su poder de amenaza. La reñida elección en las PASO de 2017 fue otro factor gravitante. Después de todo, Patti había obtenido en la Provincia de Buenos Aires la para nada despreciable suma de 400.000 votos. Difícilmente alguno de ellos haya ido al kirchnerismo, pero ahora pueden sumarse al oficialismo en las generales de octubre.

Mientras tanto, Luis Patti recuperó al menos una parte de su vida. Podrá compartir sus jornadas con su familia y acompañar el crecimiento de Macarena, seguramente el mayor dolor padecido durante estos diez años en prisión. Tendrá acceso a una rehabilitación intensa y por ende a una mejoría integral de su precaria condición de salud. Su casa será adaptada en función de sus limitaciones motrices y el régimen de visitas se irá flexibilizando. Es mucho menos que sus expectativas, pero mucho más que lo que tenía apenas un par de años atrás. Aun cuando necesite ayuda para abandonar un sofá y sentarse en una silla de ruedas. Aun cuando esté limitado a vivir en la planta baja por no poder subir las escaleras que lo llevan al primer piso. Aun cuando no pueda sentarse en un banco de la plaza a conversar con los amigos, como le gustaba hacerlo cuando era intendente.

Y los vecinos, “sus vecinos” como gustaba llamarlos, compartieron esa alegría y sueñan con un retorno a la arena política, algo que por el momento es utópico. Tan utópico como era imaginarlo en un sofá de su casa en Escobar, jugando con su hija y recibiendo el afecto de su familia, sin las humillaciones propias de una visita en la cárcel.

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