Por Carlos H. Maipah

Resulta claro que el principal objetivo es poder culpar al circunstancial adversario (y lo llamo así porque la rivalidad de hoy puede ser una profunda pasión si les resulta conveniente) y para ello no es necesario tener argumentos de peso. Sólo basta con ver lo realizado por el opositor y culparlo por la decisión adoptada, aduciendo que el camino correcto era otro. Ese juego dialéctico permite convertir el culpable de todos los males a cualquiera.

En los últimos días, tras la aparición del cuerpo de Maldonado, he visto en las redes sociales comentarios tales como “qué casualidad, desapareció días antes de las PASO y apareció días antes de las elecciones”; “el presidente es un hipócrita, jamás se comunicó con la familia hasta ahora y días antes de las elecciones, tras aparecer el cadáver, los llama por teléfono” y mil apreciaciones más, todas cargadas de la subjetividad propia de quien sólo busca hacer responsable a alguien para obtener un rédito político. Y ésto mismo que sucede ahora ya pasó con Cristina Fernández, pasó con Néstor Kirchner, con Duhalde, De la Rúa, Menem y hasta con Rodríguez Saa en sus pocas horas de gobierno.
Quisiera comprender que existe otra razón, pero realmente no la encuentro, porque con esa forma de analizar la realidad el adversario será siempre culpable. Parecen los juicios de la inquisición, donde no existía la posibilidad de inocencia y el acusado era juzgado por la parte acusadora. Veamos…
Las computadoras son rápidas y exactas porque en su sistema impera el orden binario: si o no; blanco o negro, cero o uno, vacío u ocupado. No se detiene en el “puede ser” ni considera el mas o menos. Aplicando ese criterio objetivo (es o no es) para analizar las críticas nos encontramos con que a partir de la desaparición de alguien, sólo existen dos posibilidades: que aparezca o no aparezca. Si no aparecía era una “desaparición forzada propia de las dictaduras”. Santiago apareció y nuevamente sólo existen dos posibilidades: que desapareciera antes o después de las PASO… y realmente poco cambia en cualquiera de los dos casos (antes o después de las PASO). Fue antes… y aunque el más perjudicado por esta condición sea el gobernante, en lugar de atenuante lo convirtieron en un agravante. Y si hubiera sido después de las PASO, Macri también sería el culpable. Se hubiera dicho que lo hicieron desaparecer para meterle miedo a la oposición y listo.
Ante la desaparición vinieron las especulaciones y sólo había dos posibilidades: que aparezca o no.
Si no hubiera aparecido estaríamos en las prácticas de Videla y Massera con miles de desaparecidos, pero Santiago apareció. Y también ahí sólo había dos posibilidades: que apareciera antes o después de las elecciones, porque esa fue la referencia más conveniente para las acusaciones. Bien podría haber aparecido antes o después de la finalización del torneo de fútbol, antes o después del juzgamiento de De Vido, de un ataque de Trump a Corea del Norte, del eclipse o de lo que guste. Siempre va a ser antes o después. Si hubiera sido después, el objetivo fue evitar que presione en el electorado. Fue antes, para “conveniencia del gobierno”. Y el mismo razonamiento vale para el llamado telefónico a la familia. Era un “HDP insensible” que no se comunicó, pero cuando lo hizo se convirtió en un “hipócrita”. Sólo cambia el motivo, pero siempre es culpable.
Respetuosamente creo que se hace muy difícil sobrevivir a ese juego macabro, cargado de intencionalidades. Por supuesto que se hace también muy difícil disimular la intencionalidad de los comentarios, tanto a favor como en contra.
Ahora, amigo lector, usted podrá elegir entre dos opciones: “Maipah no escribió sobre el tema” o “Maipah escribió sobre el tema”. En cualquiera de las dos opciones usted podrá elegir entre descalificarme o no, pero esa decisión no pasa por lo que yo haya escrito sino por su predisposición hacia mi. ¿Se entiende?
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