El «mobbing» o acoso laboral, es un fenómeno silencioso que afecta aproximadamente al 15% de los trabajadores, y que tomó un nuevo impulso en los últimos. Se trata del hostigamiento que, por razones varias, se ejerce sobre un subordinado, un compañero e inclusive un jefe.


«El acoso puede durar meses o años y la víctima puede desarrollas graves consecuencias psicológicas y enfermedades de origen psicosomático. Tanto es así que hasta han habido casos de suicidio o síntomas similares a los del stress post traumático», señaló Iñaki Piñuel, psicólogo de la Universidad de Alcalá de Madrid, quien investiga el tema desde el año 2000 y habiendo realizado un estudio basado en 3.000 individuos, llegó a la conclusión de que en el 70% de los casos el hostigamiento proviene de un jefe a un subordinado, el 21% es entre compañeros de trabajo y en un 9% de un empleado hacia alguien de mayor rango jerárquico.

«Todo acoso tiene una naturaleza causal y no casual, y se da cuando alguien elige en forma deliberada quitar del medio a un trabajador apto, sin ningún tipo de problemas en su desempeño, porque lo considera una amenaza», sostuvo Piñuel quien, luego de 15 años de estudio, detectó 43 formas de mobbing y aseguró que la envidia es el motivo más frecuente, seguida por el chantaje, demandar respeto a los derechos laborales, ser diferente a los demás, solidarizarse con otros, el éxito profesional, razones de género, o negarse a participar de ilegalidades o actos de corrupción.

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Autor del primer libro en español sobre mobbing y creador del primer test para evaluar esas situaciones, Piñuel relató que ha tenido casos de hostigamiento a embarazadas para desalentar a sus compañeras a que hagan lo mismo, «lo que implicaría una pérdida de productividad para la empresa». Los casos de acoso laboral «son frecuentes y existen, pero no dejan marca porque no se trata de violencia física», y también «es muy frecuente que las empresas digan que todo es subjetivo y que la víctima es una persona muy sensible, para sacarse de encima el problema». «Pero son conductas que quiebran la salud del trabajador, no es algo producto de su imaginación ni es un delirio», subrayó.

Entre las formas más frecuentes detectadas por Piñuel, están las «maquinaciones o complots contra la víctima, desestabilizarla o atacarla criticando todo lo que hace sin importar lo que haga y, al mismo tiempo, buscar degradarla para que realice peor sus tareas». También el maltrato verbal es utilizado con frecuencia, y con el tiempo también aparecen las acusaciones falsas. Esto incluye inducir a la víctima a cometer errores, privarla de la información necesaria para realizar sus tareas, divulgar falsedades sobre su persona, aislarla o sobrecargarla de trabajo para que no pueda ser finalizado, no responder correos o llamados e inclusive no hablarle o ignorarla por completo. En todos los casos, «el hostigamiento es reiterado y sistemático y la víctima no tiene escapatoria porque debe ir a trabajar para no ser despedido, entonces, con el paso del tiempo, entra en un proceso de victimización que lo paraliza, favoreciendo así los “planes” del hostigador». En las administraciones públicas, por ejemplo, «se dan con frecuencia los casos de «mobbing técnico», que es cuando a un trabajador se lo deja a propósito sin nada que hacer. Esto lleva con el tiempo a que presente síntomas similares al stress post traumático».

«El ámbito público es donde más se da el acoso laboral, y le siguen los trabajadores sociales, los empleados de la sanidad, la industria y los bancarios», apuntó.

«Al ser el mobbing algo oculto, la consecuencia visible es la baja del rendimiento laboral de la víctima, posee lo que se denomina una «dimisión interna»: está de cuerpo presente, pero de mente ausente», señaló, y alertó que en casos extremos lleva a «avergonzarse, entrar en un proceso de culpa, y hasta ha habido casos de suicidio por esta causa», y continuó: «lleva muchos años de trabajo psicoterapéutico recuperar a estos pacientes, ya que tienen que aprender a recuperar el control sobre su propia vida», y afirmó: «es tan grave este problema que las empresas deben tener una conducta proactiva y no reactiva, distorsionando y minimizando el acoso».

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