Por Carlos Maipah

La actitud del Ministro de Turismo, Licenciado José Santos, de cortar el subsidio anual que el gobierno nacional entregaba cada año a la Sociedad Civil Fiesta Nacional de la Flor es otro de los desaciertos de una cartera con marcha errática, más preocupada por hacer politiquería barata a través de personajes de la tercera línea del gobierno que por cumplir la función para la que han sido designados en el cargo. Y no es la primera vez que sucede, ni en ésta ni en otras áreas,

El subsidio del poder central a una fiesta que pasó hace rato su medio siglo de vida no es un gesto de generosidad. Es, simplemente, el reconocimiento a una entidad que a pesar de múltiples dificultades ha mantenido una rigurosa continuidad y que -a diferencia de otras fiestas que sólo tienen un objetivo recaudatorio- es la máxima expresión nacional de la actividad de un sector productivo. Hace años que lo recibe como modesto aporte (diría muy modesto) de un Estado que siempre estuvo ausente en la floricultura. El mismo estado que ha permitido la importación de flores de otros países con gravámenes tan bajos que prácticamente acabaron con la producción nacional. Un estado que lejos ha estado de acompañar la investigación y el desarrollo, dejada en manos de la iniciativa privada que a duras penas conseguía subsistir.

Alegar que no cuenta con presupuesto para un único aporte anual de menos de medio millón de pesos es de un infantilismo absoluto. Es una forma de subestimar la capacidad de razonamiento de los escobarenses rayana en lo increíble. Máxime cuando uno asiste perplejo a subsidios multimillonarios a actividades de reciente fabricación, que muy lejos están de promover actividades productivas. Sintetizando: un desacierto para con la máxima fiesta de la producción de plantas y flores del país.

Descartado el motivo que nos cuenta la historia oficial, debo buscar implicancias políticas en la decisión adoptada y desde esta óptica la conclusión a la que arribo es aún peor.

Estimados gobernantes, la ciudad de Escobar y sus habitantes, los productores de flores y plantas, la comisión de la entidad, estamos cansados, hartos, podridos ya, de ser la cuerda de la cinchada entre partidos políticos. Ya nos castigaron bastante en tiempos de Fernando Valle, de Silvio González y de Sandro Guzmán a la hora del reparto de obras y otros beneficios y ahora nos vuelven a castigar, sólo porque no ganaron en el distrito. Les pregunto respetuosamente: ¿Ustedes creen que con actitudes como ésta nos van a convencer? ¿Pueden tener mentes tan pequeñas como para no darse cuenta que con estas decisiones “embroncan” al pueblo y consiguen un efecto diametralmente opuesto al que procuran?

Entiendo que la Fiesta, en su desesperación, ha cometido algunos errores estratégicos y se pegó mucho a determinados lineamientos políticos, pero no es ésta la forma de resolver ese problema. Al contrario.

Dejen de usar las cajas para premiar lealtades y castigar adversarios. Entiendan de una buena vez que ustedes llegaron por un partido político, pero a la hora de asumir son los gobernantes de “todo” el pueblo argentino y no sólo de quienes los votaron. Esa actitud era una de las características negativas que el pueblo condenó en gestiones anteriores y decidió castigar retirando el apoyo de su voto. ¿Y ustedes ahora hacen lo mismo? Verdaderamente no los entiendo.

El propio presidente Macri, en tiempos de campaña, utilizaba la Fiesta Nacional de la Flor como vidriera y ahora “le corta los víveres”. Un poco contradictorio… ¿no creen?

Por el momento quiero creer que fue una estúpida decisión de un improvisado avenido a ministro, que decidió castigar al pueblo rebelde en nombre de la ayuda a su jefe, sin que este supiera lo que estaban haciendo. Personalmente no puedo creer que esta decisión haya sido convalidada por el presidente, que no tiene tiempo para controlar todo lo que sus subalternos hacen. De lo contrario, me sentiría decepcionado… y más, defraudado.

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