Por Leticia Polignano

Haber encontrado la vocación no implica que estemos 100% conformes con el tipo de trabajo que estamos llevando a cabo. Sobre cómo hacer para cambiar el enfoque y encontrar una nueva forma de desarrollarse y ser un profesional emprendedor opinó para Télam Leticia Polignano, quien es odontóloga y capacitadora y consultora de emprendedores vinculados a la odontología y la salud.

La disconformidad con nuestra profesión puede tener varios motivos: insatisfacción, ganas de crecer, cansancio por hacer siempre lo mismo, etc. Por eso, propongo cambiar el enfoque que le damos a la profesión para poder encontrar otra salida a nuestra carrera.

 

 

Para dar el salto que muchos están buscando -de profesional (empleado o autónomo) a emprendedor o empresario- se necesita cambiar la manera de mirar las cosas y abrirnos a una dinámica de trabajo y de experiencias diferentes. Mientras que el empleado tiene una visión generalmente inmediatista o mediano plazo, el empresario debe sostener una mirada a mediano y largo plazo, previendo y evaluando el contexto. Habrá que comenzar de a poco:

La palabra clave es planificar, es decir prever todas las dificultades y problemas que puedan aparecer mientras se busca la manera de generar un emprendimiento propio (por ejemplo, montar un consultorio odontológico). Es importante, también, hablar con otros profesionales con mayor trayectoria, que hayan pasado ya por la experiencia de emprender. La planificación es la clave para cualquier negocio. Una persona que tenga buena experiencia en planificación puede anticiparse y evitar la mayoría de los incidentes que puedan generar pérdida de dinero o inestabilidad a la empresa.

Además, habrá que desarrollar un plan de negocios y analizar varios puntos centrales: cantidad de empleados a contratar (asistente-recepcionista, por ejemplo); tipo de equipamiento que vamos a necesitar, ubicación estratégica y demás factores. En base a eso, podremos definir qué tipo de servicios estaremos en condiciones de ofrecer; tramitar las habilitaciones correspondientes y posicionarnos teniendo en cuenta al sector y la competencia para definir quiénes serán nuestros competidores y establecer así un marco de acción de referencia: ¿Hasta dónde queremos llegar? ¿A quién quisiéramos parecernos? ¿Cuáles son nuestras metas y aspiraciones? ¿Con qué contamos para lograrlo?

Otro paso fundamental es hacernos de un presupuesto de base cero (previendo lo más exhaustivamente posible los gastos que cubriremos).

Con estos primeros pasos en mente, y con la ayuda de un profesional que funcione como un mentor, podremos empezar de a poco a dar el “giro” que estamos buscando y emprender el camino, paulatino y de mucha dedicación, de vernos a nosotros mismos como gestores de un futuro laboral distinto, autónomo, prometedor, pero altamente desafiante.

En cualquier profesión, más aún en las vinculadas a la salud y odontología, no es fácil montar un emprendimiento autónomo, por eso es recomendable contar con algunos años de experiencia de trabajo para otras empresas e instituciones, antes de asegurarse de dar el gran paso. Por lo tanto, antes de poner manos a la obra, recomendamos contar con el asesoramiento de un mentor especializado. Además de la gestión llevada a la práctica, se trata de un cambio de mentalidad. El paso de profesional a emprendedor es, por sobre todas las cosas, actitudinal. Nosotros somos nuestro propio motor, nuestro propio jefe y nuestro propio impulso.

 

(*) Odontóloga. Capacitadora y consultora de emprendedores vinculados a la odontología y la salud.

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