Marcela vive en el barrio San Miguel, desde que nació y ahora lo hace con su familia recién constituida. Más de dos mil pesos por mes de luz, por segundo período consecutivo, hizo mella en su economía.


“A mí la política nunca me interesó mucho, pero entiendo perfectamente que el actual gobierno nacional aplicó medidas que no me están beneficiando. Hasta tres mil pesos por mes, cuando antes me venían cien pesos cada dos, es una locura. Trabajamos para pagar la luz”.

En primera persona, Marcela (39) relata lo que le toca vivir en este invierno duro por el clima pero también por la economía. Su marido vendes lombrices en la Ruta 26 y ella colabora en el merendero y Sociedad de Fomento del barrio San Miguel, con los que menos tienen. Ingresos que apenas le alcanzan para cubrir los gastos de energía eléctrica y aquiler. “El problema pasa porque acá somos electrodependientes: tenemos que ambientar el lugar con estufas, no gastamos tanto, pero las boletas vienen cada vez más saladas. Y eso que tenemos salamandras para calentar”, explicó.

Esto no es algo nuevo, ya que pese al revés judicial de mayo contra las empresas de energía eléctrica, los valores altos continúa. El mes pasado, la Justicia volvió a suspender el aumento de la luz en la provincia de Buenos Aires a raíz de una medida cautelar presentada por el defensor del pueblo bonaerense, Guido Lorenzino, a la que hizo lugar el juez en lo contencioso administrativo N° 1, Luis Arias.

“Me estoy enterando, a mí no solo no me vino menos sino que me viene más, de un año a hoy pago casi el triple. Esto se hace muy difícil, me venían 500 pesos, 540, ahora me atrasé porque me vino 2000. Con este gobierno me vino mucho más”, expresó.

En el grupo familiar son siete, con hijos chicos y un adolescente. “Tenemos lamparitas bajo consumo, apago todo de noche. Encima ahora me sacaron la asignación porque mi ex marido, que hace 12 años que no lo veo, ahora tiene trabajo en blanco. Ese plata se sintió demasiado. Mi marido vende lombrices en la ruta pero con este clima se vino abajo la venta. Encima soy diabética y tengo que comprar los remedios. Los gastos se recortaron por todos lados”, manifestó.

Su lucha diaria por cubrir gastos que antes no tenía no la limita en pensar en el prójimo: todas las tardes ayuda en un merendero del barrio con chicos y abuelos más humildes que ella. “Con esfuerzo tenemos un plato en la mesa, hay otros que ni eso tienen”, finalizó.

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