Por María Miró para Agencia Telam

Una camisa que nos cubre hoy puede protegernos de los rayos ultravioletas, de las picaduras de mosquitos, de los microbios, podría cambiar de color para tener un nuevo look, y evitar un shock térmico al salir de un ambiente refrigerado al exterior en un día de verano porteño. Llegó la era de los textiles funcionales. Al respecto opinó para Télam María Miró, ingeniera textil del Centro de Textiles de Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).

 

Cuando empecé mi carrera de Ingeniería Textil quedé sorprendida con la cantidad de procesos y profesionales que había atrás de esa camisa blanca de algodón que todas las mañanas me ponía para ir al colegio. Hasta ese momento pensaba que la ropa solo servía para vestirse, para cubrirse, abrigarse y adornarse. Y a lo largo de la carrera y de los años me di cuenta de que además sirve para dar trabajo a muchas personas, a todos los que participan de la fabricación de esa prenda.

Escuché la palabra nanotecnología por primera vez, allá por el 2004, y me llamó poderosamente la atención. ¿Se podían manipular materiales a escala nanométrica? ¿Podían modificarse las superficies textiles, otorgándoles una funcionalidad inesperada, aunque muy deseada? ¿La nanotecnología iba a re-significar el concepto de prenda?

Esa camisa que me cubría, me hacía pertenecer y era fabricada por decenas de personas, ahora además podría protegerme de los rayos ultravioletas, de las picaduras de mosquitos, de los microbios, podría cambiar de color a la salida del colegio para tener un nuevo look, podría evitarme el shock térmico que sufría al salir de un ambiente refrigerado al exterior en un día de verano porteño, e incluso si se me manchaba con gaseosa, con solo pasarle un trapito húmedo llegaría a casa con la camisa como nueva. Llegaba la era de los textiles funcionales. Y yo quería formar parte ella.

Hoy en día los textiles funcionales ya están en las góndolas. No es difícil encontrar remeras con estampas que al frotar emiten un perfume particular. El perfume está encapsulado en pequeñas cápsulas poliméricas que lo protegen de la rápida evaporación y de los efectos del lavado. Al frotar, la pared de las cápsulas se rompe y se libera la fragancia. Las cápsulas son tan pequeñas, que una estampa puede contener millones de capsulitas. Por eso, aunque algunas de ellas se rompan al frotar, son tantas las que permanecen intactas que el perfume puede durar años en las prendas.

En INTI-Textiles trabajamos con el Laboratorio de Sistemas de Liberación Controlada del centro INTI-Química en el desarrollo de estos acabados aromáticos. Aún tenemos muestras que emiten aroma a menta, limón o jazmín que fueron fabricadas en 2009.

Si uno busca en internet “textil repelente de mosquito” encontrará varias opciones, desde redes para cubrir carpas, remeras, pantalones, toallas y hasta incluso ositos de peluche. El agente repelente es encapsulado en nano/microcápsulas que serán incorporadas al sustrato textil como se incorpora un colorante. El efecto repelente, dependiendo de diversos parámetros de fabricación puede resistir hasta 100 lavados domésticos. En el marco de un proyecto FONARSEC, trabajamos en el desarrollo de textiles repelentes de mosquitos, con la tecnología de microencapsulación y nanofibras coaxiales. Como cápsulas se usaron unas moléculas huecas llamadas ciclodextrinas, y repelentes de origen natural.

Las ciclodextrinas se fijan al tejido y resisten hasta 10 lavados domésticos, el repelente se libera en cada lavado, pero el sistema permite la recarga. Sin lavar, los tejidos desarrollados en INTI brindan hasta 60 días de repelencia. Las nanofibras coaxiales son fibras de diámetro nanométrico con un alma que contiene el activo repelente y una cáscara de polímero que actúa de pared protectora. El sistema de liberación desarrollado está en proceso de patentamiento.

Participamos también en el desarrollo de un Jean Anticelulítico. El activo anticelulítico encapsulado se libera con el uso ejerciendo su acción. Los resultados no fueron los esperados pero para las interesadas, ¡se consiguen en el mercado!

Hoy trabajamos en un proyecto para el desarrollo de un acabado ignífugo en un tejido simil-cuero, mediante el uso de nanopartículas de óxidos metálicos. Se está estudiando además la obtención de nanofibras conductoras para desarrollar sensores flexibles que puedan ser incorporados en prendas.

Aunque en Argentina aún no es tan común ver textiles funcionales en las tiendas, hace ya 60 años que desde INTI nos formamos y trabajamos para concientizar a empresas y consumidores sobre el inagotable potencial de los textiles funcionales.

(*) Ingeniera textil Del Centro de Textiles de Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).

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