Por Santiago Rodríguez Rey

El presidente de Brasil, Michel Temer, logró sobrevivir a una suspensión de seis meses del cargo luego de que el oficialismo ganara por 263 a 227 la votación en la Cámara de Diputados para rechazar la denuncia por corrupción que le hizo el fiscal general, Rodrigo Janot, quien lo acusa de negociar y recibir sobornos. Sobre la situación institucional del Brasil opinó para Télam, Santiago Rodríguez Rey, politólogo y magister en Comunicación Política.

 

“El objetivo de mi gobierno es hacer un Brasil cada día mejor”, dijo Michel Temer poco después de liberarse de la mayor espada que pendía sobre su presidencia. El resultado de la votación en el recinto fue de 263 a 227 en favor de rechazar la denuncia de corrupción pasiva en su contra. Incluso si consideramos las 19 conspicuas ausencias, mayormente de diputados del PSDB, aliado circunstancial del oficialista PMDB, el número de esta victoria es proporcionalmente mayor a la superada mitad de los parlamentarios. Esto parece confirmar que Temer está definitivamente aquí para quedarse, aunque, es cierto, en Brasil de hoy nunca se sabe.

Tras la votación realizó un discurso con gesto adusto, una especie de simulación de firmeza, esa que intenta transmitir calma y dirección, en vano tratando de ocultar el alivio de saber que ha ganado una pulseada importantísima para terminar su mandato. Dura lección le espetó a Rodrigo Maia, presidente de la cámara de diputados, próximo en la línea de sucesión, y que había visitado la Argentina recientemente casi como si de un viaje preparatorio a su asunción se tratara.

Es que Michel Temer en la cámara de diputados juega de local. Diputado desde 1987 por Sao Paulo, a excepción del periodo 1991-1994 cuando ocupó un cargo ejecutivo, solo se alejó de su casa cuando llegó a la vicepresidencia en 2010. La cámara que presidió dos veces es su cámara, la que no guarda secretos para él, habilidad que fue el principal activo por el cual fue elegido para acompañar a Dilma en la fórmula presidencial, quién contaba entre sus mayores déficits la capacidad de dialogar, tanto dentro de su partido como fuera. De igual forma, podría decirse que hasta hoy en la presidencia hacía las veces de visitante, con un rechazo superior al 95%.

Si bien no es la única amenaza para llegar al frente del ejecutivo a diciembre de 2018, cuando tenga que asumir el próximo ocupante del Planalto, las acusaciones surgidas de los audios de Joesley Batista, directivo de la JBS, la mayor procesadora de carne del mundo, eran las más fuertes, por contener su voz. El impacto mediático y económico que habían acompañado a la pasiva avenencia a un pago a Eduardo Cunha, ex presidente de la cámara de diputados, principal impulsor del impeachment a Dilma y hoy sentenciado a 15 años de cárcel, parecían concretar su caída. Sin embargo, esto no ocurrió. Temer se colocó rápidamente a la defensiva y aprovechando aspectos técnicos de las pruebas en su contra las neutralizó.

Desde el cimbronazo producido por la aparición de los audios y la latente posibilidad de un nuevo reemplazo al frente del país, la relación con el dólar ha recuperado los valores de aquel 17 de mayo, mientras que el índice Bovespa aún se encuentra unos 1.500 puntos por debajo pero en alza; aquí no ha pasado nada.

Los medios se mostraron sorprendidos por el abultado resultado a favor del presidente, se esperaba una votación más pareja. Si bien no son los números por los cuales fue aprobado el proyecto que limita los gastos públicos por los próximos 20 años (359-116), la reforma de trabajo, que modifica históricas reglas del régimen laboral brasileño, (296-177) y mismo la apertura del proceso de impeachment a Dilma Rousseff (367-137), los números muestran un Temer más sólido de lo que podía apreciarse en las jornadas previas. La GloboNews, que en la noche del 17 de mayo, cuando se hicieron públicos los audios involucrando al presidente, dio una extensa explicación del proceso de sucesión presidencial, como si apostara que ello ocurriría de inmediato, calificó el resultado de ayer como una “victoria pírrica” y “politiqueria a espaldas del pueblo”.

El ex presidente Fernando Henrique Cardoso hoy se expresó de acuerdo con la descripción de pírrica. Si bien dijo que “el país no puede cambiar de presidente cada seis meses”, también concluyó que “esto no mejora nada para el país. Mejora, claro para el presidente Temer. Pero, para el país, esto no era una cuestión de peso”. Respecto a la posición que tuvo su partido, el PSDB, que es parte de la alianza de gobierno que sostiene a Temer, se mostró descontento con su papel, ya que lo debilita políticamente, pero al mismo tiempo consideró que la gobernabilidad sin el PSDB no sería posible. El PSDB por estos días se halla en una encrucijada, con su líder Aécio Neves gravemente desprestigiado y ninguna figura, ni siquiera el creciente prefecto de Sao Paulo Joao Doria, entre los puestos expectantes de preferencia para las elecciones del 2018.

Si bien es cierto que apenas puede verse el camino del calor que surge del enojo del pueblo por una situación económica que languidece y muestra débiles señales de recuperación, la desocupación es récord aunque haya pasado de 13,7% a 13% en los últimos meses, este es solo palpable en la conversación uno a uno o en los focus groups. Las brasileños ya no salen masivamente a las calles como en 2016, la desesperanza y la frustración van ganado la batalla y la ausencia de voces nuevas alimentan la fe en candidatos antisistema, como el diputado por Río de Janeiro Jair Bolsonaro que merodea los 20% en intención de voto; lejos, es cierto, de los 35/37 puntos que las encuestas adjudican a Lula.

“Esto es un circo, pero esos no dan ni para payasos” dice el dueño de la padaria frente a mi casa mientras con otros vecinos vemos a dos diputados pelearse con un muñeco inflable de Lula en traje de presidiario en plena sesión. La padaria, junto con el boteco (bar), son los espacios de sociabilización insignia de Brasil, el lugar donde se pueden observar las vivencias del barrio pasar.

“Yo prefiero hacer mi trabajo, ser honesto y estar tranquilo conmigo mismo cuando apoyo la cabeza en la almohada, no quiero saber más nada de esa basura” dice señalando a la TV.

Las frases que se escuchan son fuertes, incluso sobrevuela una peligrosa saudade de años de régimen militar. Temer ahora está liberado de las amarras judiciales para llevar adelante su gobierno, al menos por este caso de corrupción pasiva no podrá ser juzgado hasta el final de su mandato, pero no parece estar entre sus prioridades llevar adelante un cambio de imagen que inyecte esperanza en un pueblo alicaido que ve las elecciones aproximarse con más pavor que alegría.

(*) Politólogo. Magister en Comunicación Política – Columna Agencia Télam

Compartila en las redes

Deja un comentario

Su Email no será publicado

*