Por Martín Lousteau (*) – Columna de la agencia Telam

El primer paso para ser independiente es ser capaz de soñar el futuro propio. Si uno no lo hace, otros lo hacen por uno. Imaginarse ese porvenir exige la libertad de hacerlo despojado de condicionamientos externos o prejuicios internos.

El mayor desafío de ese ejercicio es aprender a mirar al otro no como una amenaza, sino como una oportunidad de autosuperación.

Esto es particularmente cierto en el ámbito internacional: hay países que ya han resuelto exitosamente los desafíos que aún tenemos y esos aprendizajes están disponibles para ser aprovechados, si somos capaces de respetar nuestra idiosincrasia y nuestros objetivos.

Por último, la verdadera independencia requiere tener una visión de largo plazo orientada hacia la construcción en común. Los humanos no vivimos en sociedad por conveniencia sino por convicción. Y para lograr esa meta es imprescindible evitar el cortoplacismo y la revancha, ya que ambos condicionan nuestro potencial.

Es cierto que tanto la incertidumbre como el enojo son justificables en el contexto argentino. Pero ante cada discusión y ante cada disyuntiva siempre tendremos la opción de alejarnos de lo que nubla la razón y construir el marco adecuado para el futuro que soñamos.

En definitiva, de eso se trata la independencia: de decidir quiénes queremos ser.

(*) Embajador argentino en Estados Unidos.

Compartila en las redes

1 Comment

Deja un comentario

Su Email no será publicado

*