Por Claudio Valerio

A veces, somos llevados a tomar una  difícil  decisión.  Nos
quedamos confusos y no sabemos  que hacer. Si tomamos  la
decisión “a” nos critican por dejar de escoger la otra,  que
podría  traernos  mucho  más  beneficios.  Si  tomamos la
decisión  “b”  nos  critican  por ser interesados y
oportunistas. Nos sobran la incertidumbre  y  la  inseguridad.
¿Qué  decidir,  entonces?  Realmente  la  respuesta  es  muy
difícil. En la vida cristiana es  bien  más  fácil.  Siempre
escogeremos a Dios y dejaremos que Él escoja por nosotros en
todas las decisiones a tomar.

Con la dirección de Dios, nuestras decisiones son  siempre
las mejores. Él sabe lo que es cierto y lo  que  es  equivicado.
Sabe cual el camino prudente a  seguir.  Sabe  la  respuesta
para todas las cuestiones difíciles de la vida. En  Él  está
la sabiduría y, por eso, podemos en Él confiar.
Con el Señor las dudas son disipadas,  las  confusiones  son
esclarecidas, el desánimo es transformado en fe, el malhumor
sale para que entre la sonrisa y  todos  somos testigos del  amor
derramado por Dios en nuestras vidas.
Las elecciones  son  muy  simple  cuando  tomamos  la  decisión
principal de recibir a Dios en nuestros corazones. Todo se
transforma, todo  se  vuelve  mucho  más  agradable,  y  nos
tornamos verdaderamente felices.

¿Cuál es tu decisión?…

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