Por Claudio Valerio

La Iglesia Católica manda cumplir con el precepto de asistir a Misa
los domingos y fiestas de guardar. Pero, a veces no cumplimos con este
precepto y entonces cometemos un pecado grave o mortal.
¿Por qué es tan importante la Misa dominical?
Porque la Misa es la renovación del Sacrificio de Jesús en el Monte
Calvario, es decir que Jesús en cada Misa se vuelve a ofrecer y vuelve
a morir por nosotros.
La Misa es el mismo Sacrificio de la Cruz, solo que incruento, o sea
que no hay derramamiento de sangre. Pero es el mismo Sacrificio.
Entonces el que no pudo estar presente en la Crucifixión del Señor
porque no vivió en su época, puede ahora estar verdaderamente presente
si asiste a la Misa. Por eso faltar a Misa el domingo es un pecado, y
como todo pecado es siempre una falta de amor a Dios y al prójimo…
Sí, faltar a Misa el domingo es una falta de amor a Dios, de amor a
Jesús. Porque si sabemos que un familiar nuestro está sufriendo en su
lecho de dolor y nos espera ansiosamente para que le consolemos, pero
nosotros no lo visitamos, cometemos una falta de amor. Y lo mismo
sucede con Jesús, que en cada Misa muere por nosotros, muere por mí, y
yo ni siquiera voy a estar con Él en la Misa, consolándole y dándole
gracias por todo el amor que me da y por haberme salvado. ¡Tremenda
ingratitud!
Pero además la Misa nos obtiene una lluvia de gracias sobre nosotros y
sobre nuestras empresas temporales y espirituales, porque de la Misa
fluye un río de gracias y consuelos, de bienes sin medida.
Tengamos más fe y sepamos que cuando vamos a Misa el domingo, vamos a
la Crucifixión, Muerte y Resurrección del Señor, que se renovará
misteriosamente ante nuestros ojos.
Hace falta tener más fe y no dejar de ir a Misa por ningún motivo,
salvo por causa justificada, porque en la Misa, Jesús, desde la Cruz,
mientras muere, busca con su mirada a quienes le consuelen, nos busca
a nosotros, a cada uno de nosotros, y si no estamos presentes el Señor
se pone muy triste y muere abandonado.
Si abandonamos a Jesús en la Misa, el Señor se ve obligado a
abandonarnos a nosotros.
Vayamos a Misa por amor a Jesús, y no por simpatía o antipatía con el
sacerdote o los fieles. La Misa es algo muy serio, así que guardemos
también la compostura, el silencio y la piedad. Amemos al Señor que se
entrega otra vez por nosotros.

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