Por Gustavo Issetta

El discurso virulento, jactancioso y altisonante de la Sociedad Rural y los aplausos al Presidente, sobrevolaron por una Argentina de mucha extensión, muchos campos, relieves variados, pero también de habitantes diversos, con muchas historias, muchos presentes.  Como contracara al tiempo sin tiempo de lo rural de Don Segundo Sombra, de peones domados, antes baguales, no se ve lo mismo. Hay sueños caídos. Gente sin rumbo, como le gustaba llamar a la realidad, Cambaceres. Una esterilidad que sobrepasa a todos por igual. El binarismo de la Argentina, solo reconoce sectores dicen ellos, mejores que otros. Pero todos los argentinos, nos bañamos con el agua del dato. Un dato pintado, acartonado, analizado, deglutido como el pan en el buche del pájaro, antes de alimentar a su cría, que espera desesperada. Esta Argentina binaria es un mundo, hecho de otros mundos. Desde los padres fundadores, siempre tenemos no una, si no, varias versiones sobre nosotros mismos. Esto es difícil. Por un lado puede ser un registro alto en lo que hace a la esencia de la democracia, porque las miradas son muchas, pero muchas. Pero, también nos dice, que todas esas versiones partiendo de todos lados, no logran coagular en ninguna. Ninguna, es síntesis de todas. Ni todas, son representadas por una. Y…la versión del otro sobre nosotros, siempre será poco creíble…por nosotros, claro. Por ejemplo, la versión que diría que el país está en la buena senda, porque la sociedad rural, aplaudió al Presidente, cuando  era silbado o directamente estaba ausente. Una versión que nos habla, de la predominancia de unos sectores sobre otros. Un sector minoritario, siempre en sí mismo, más cerca del afuera del país, que lejos del adentro. Y cuando era silbado, entonces ese Presidente era la proyección de los muchos, ante la exclusividad de los pocos. Binarismo. De la furia de Perón y Evita, que venía a desentonar la tranquilidad de la Catedral, con el clima democrático a lo Patrón Costa, como cuando aquel Presiente radical, Illía, ganó con el 25% de los votos, ante la prohibición del peronismo, por la revolución libertadora, custodia del país, desde aquel bombardeo a la ciudad abierta sobre civiles, considerado necesario para democracia. Pero Illía es venerado hoy en las redes, como ético porque no se llevó un peso. Sin contar los de presidente en un proceso ilegítimo de elección. Binarismo. O los consejos de otro viejito, Mujica, después de su pasado tupamaro, de robos y asesinatos en la llamada década gloriosa por algunos y por otra nefasta. Binarismo y más binarismo. Como la década infame, hasta Perón y de Perón en adelante, de liberación, de justicia. Más binarismo. Es decir, que, la versión del otro, es siempre poco favorable para nosotros. Y hoy, que nos encontramos con un país, no solo agrietado por el pasado kirchnerista –otro binarismo- sino por todos los pasados juntos –el macrismo quiere seguir de largo y hacer culpable un día a la madre de Perón de los problemas del hoy- Como una lucha a muerte –que paradoja- entre dos pasados, por un presente fugaz del éxito electoral. Y si el macrismo nos recuerda el pasado kirchnerista, de sensualidades económicas posibles e imposibles, el mismo gobierno le pasa el bulldozer al otro pasado de derechos adquiridos. ¿Cuál es el problema además de una danza de ebrios? Que pese el binarismo, no se hablan los mismos idiomas, aun siendo hijos de España. Es que, es cierto un poco. Aquella guerra civil, velada, silenciosa, siendo así el Stasis que hablaban los griegos, pero sin reconciliación….guerra desatada por un radicalismo entonces sin galera ni bastón, como reacción a esas galeras y bastones, en medio del humo y el dolor de la semana trágica y de una Patagonia lejana, pasando por las jornadas de octubre del 45, 55, se presenta siempre, de noche, cuando hay tormenta, te golpea la puerta y te pide abrigo y comida. Y si la hacés pasar, tan solo hablará de una cosa: de las versiones del otro sobre vos. Del viejo binarismo, que se llamó en un tiempo, Moreno o Saavedra, San Martín o Alvear y siguen los nombres…

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