• 20535981_10213930810522193_584565753_o.jpg
  • 20562720_10213930817682372_1681692408_n.jpg
  • 20561770_10213930820202435_731570347_n.jpg
  • 20526838_10213930818882402_77683405_n.jpg
  • 20526638_10213930815122308_2118041014_n.jpg
  • 20526489_10213930821322463_1153020970_n.jpg
  • 20471960_10213930822162484_668401876_n.jpg
Por Carlos Maipah

La influencia de Sergio Bendixen (peruano), Vinicio Alvarado Espinel (ecuatoriano) y Jaime Durán Barba (también ecuatoriano y sin duda el más famoso de los gurúes) marcó y cambió para siempre la forma de hacer política. Sólo subsisten en el viejo formato algunos caudillos provinciales y municipales del interior que aún creen que la marcha peronista en la voz de Hugo del Carril o participar de acaloradas discusiones con sus opositores pueden ser suficientes para ganar una elección. Hoy la política es una ciencia y su eficacia será comprobada o denostada en la encuesta más perfecta que nuestro sistema permite: los próximos comicios.

De cualquier forma, más allá de los resultados, diariamente confirmamos que ya no basta con la ofensa o descalificación del oponente. Tampoco es suficiente explicar una y otra vez los beneficios que el pueblo tendría al votar a tal o cual candidato. Ni siquiera acompañando el pedido del voto con numerosos datos técnicos y promesas, que para el elector común resultan abstractos y por lo tanto no convencen.

Qué puede significar para la mayoría de los argentinos hablar de una diferencia del 5,6 por ciento del PBI o de una malversación por cinco mil setecientos millones de dólares? Es mucho, sí… pero se trata de una cantidad difícil de visualizar y cuantificar de forma real. Recuerdo a Minguito Tinguitella en Polémica en el Bar diciendo que si él resultaba único ganador del Prode, lo primero que hacía era comprarle un palo de amasar a la vieja para hacer más rápido las empanadas que vendía en la cancha y que podría pintar el gallinero.

En su visita al Centro de Jubilados Ferroviarios, Sergio Massa dio una clase magistral del enfoque que debe tener una charla orientada a personas comunes que diariamente enfrentan un mundo de limitaciones y privaciones por una jubilación insuficiente para sobrevivir con dignidad una semana.

Habló con su auditorio en un idioma que todos entendían: el de la economía doméstica, el del día a día, el del peso a peso. Enumeró el dinero que en concepto de impuesto se lleva el gobierno sobre los principales productos alimenticios: azúcar, aceite, leche. Luego dio el total mensual que cada jubilado tributa al gobierno de turno. En esas pequeñas cantidades el dinero pudo ser visualizado por los asistentes a la charla. Las cifras dadas entran (y salen) de su billetera o monedero. Son mensurables… reales, entendibles.

Lo mismo hizo con remedios, energía eléctrica, gas y cualquier otro gasto que un jubilado pueda realizar diariamente. Dichas de esa forma las cifras fueron contundentes. Golpearon con más fuerzas que los miles de millones malgastados o robados en cualquier gestión. Dos o tres mil pesos, para quienes sobreviven un mes con siete u ocho mil, es mucho más que millones de pesos diarios para un gobierno que tiene la capacidad de endeudarse o, simplemente, imprimir más billetes… aunque a la larga terminemos pagándolo entre todos. Los nueve millones de dólares en un bolso, revoleados por encima del muro de un convento a las tres de la mañana, son mucho más dinero que los miles de millones desviados a través de las intrincadas cuentas y operaciones denunciadas contra Lázaro Baez o Cristobal López. Cualquiera puede imaginarse un bolso lleno de dólares y cualquiera sabe que ese bolso le cambiaría la vida entera a él, su familia y su descendencia. Imaginarse 900 millones de dólares complica. El sólo convertirlos a pesos obliga a una cuenta difícil. La mayoría de las personas se perdería a la hora de escribir en un papel tantos ceros.

Desconozco si la “avenida del medio”, que tanto promociona Massa, puede existir en la realidad. No sé si podría llevarnos a un destino mejor. Sólo intento decir que el lenguaje de la comunicación política cambió y que no sólo Durán Barba y los macristas son fieles exponentes de este nuevo estilo. Los otros candidatos también han sido advertidos por sus gurúes y en algunos casos, como el de Massa el pasado viernes, han demostrado entenderlo. Aprendieron que la gente simple necesita de discursos simples. Es apenas un primer paso, pero el cambio deberá seguir.

Compartila en las redes

Deja un comentario

Su Email no será publicado

*