Por Carlos Maipah

Sorpresa, lo que se dice sorpresa, no hubo. Tanto a nivel local como provincial y nacional, en líneas generales se dieron los resultados previstos. Puntito más, puntito menos, Cambiemos se impuso a nivel nacional en estas PASO y Sujarchuk ganó en Escobar. Con respecto a la provincia, escenario de la batalla principal y único lugar donde nadie tenía nada seguro, se confirmó precisamente eso: un empate técnico. Para la inutilidad que este mecanismo electoral (me refiero a las PASO) tenía, se pueden rescatar algunos detalles que cuentan (y mucho) con miras a los comicios venideros.

Para Cambiemos el resultado final no fue para nada despreciable. Consolidó su posición, acrecentó territorio y logró salir indemne al despiadado ajuste que impactó derechito en el bolsillo de la gente. Si la imagen de la dupla Macri-Vidal no tuviera fortaleza, otro hubiera sido el resultado. Por mucho menos que eso las cacerolas se convirtieron en otros tiempos en un arma letal para los gobernantes. También permitieron confirmar que los votos obtenidos en 2015 por Cristina Fernández son su techo electoral. No le alcanzan para ganar, pero son propios y fieles, muy fieles… casi tan fieles como Filmus, que a pesar de saber que lo mandan a perder en cada elección, acepta, pone la cara, el pecho y el que te dije (Vidal dixit). Como diría Juan Manuel Casella, “unas veces se pierde y otras… también se pierde”, pero el tipo va sin chistar.

Por el lado de Macri quedó demostrado que su arrastre es importante y todavía tiene bastante agua para llevar hacia su molino. No está en su piso electoral, pero tiene bastante para crecer hasta llegar a su techo. Así como quien no quiere la cosa, ahora se fagocitó nada menos que a los Rodríguez Saá que ya deben estar planeando techar la provincia de San Luis y ponerle aire acondicionado central y un sistema de riego por aspersión. Igualmente se ve que el modelo de gestión no es todo lo eterno que imaginaban… y eso que los puntanos recibieron obras: casas, caminos, trabajo. A esta altura no tengo dudas de que “el Adolfo” prefiere mil veces el juguetito de la “Turca” que enfrentar a Macri en los comicios… aunque el resultado final sea el mismo.

Para cerrar el capítulo nacional y sin desmerecer el aporte de Lilita Carrió en la ciudad de Buenos Aires (su victoria era tan segura que terminó perdiendo valor) es fundamental destacar a los dos “héroes” de la gesta macrista, verdaderos artífices del resultado del domingo: Jaime Durán Barba y María Eugenia Vidal, quien se puso al hombro nada menos que la campaña en el territorio bonaerense. Con su look de abanderada del “cole” y su actitud combativa frente al zanguango de Brancatelli en la recta final de las PASO, convenció a todos (y todas, jajjaaa). El Gurú ecuatoriano demostró una vez más que maneja un grado de información único y que sus recetas y cálculos tienen la misma precisión que depositó a la Apolo XI en la faz de la Luna. ¿Y sabe una cosa?… hasta creo que tuvo que ver con todo lo que pasó y con todo lo que no pasó.

Ahora sí… vamos a lo local, donde también hubo algunas sorpresas. El resultado fue el previsible en lo que al posicionamiento de los candidatos respecta, aunque no lo fue en los números que consiguieron. Ganó Sujarchuk. Todos sabíamos que iba a ganar porque no había motivos para que no se repitieran los resultados del 2015, pero honestamente nadie (o casi nadie) imaginaba que no pasara cómodo el 40 %. Si en la anterior ya era “cristinista”; su origen estaba relacionado a Alicia Kirchner y era forastero para la política local… después de la gestión que hizo en sus primeros dos años tenía que subir un poco en el caudal de votos. ¿Qué pasó? Personalmente creo que la última campaña de afiches junto a la ex presidenta le recordó a la gente su prosapia kirchnerista y pagó el precio de esa lealtad. Junto con el monopolio absoluto de los carteles en ruta (que ya todo el mundo sabe el altísimo costo que tienen) fueron verdaderos boomerangs. Hubo, además, algunas fugas entre los punteros que, no satisfechos con el rol que les dieron cuando asumió, se mudaron a otros espacios políticos más prometedores. De cualquier forma, demuestra una vez más que la suerte de los dirigentes locales sigue amarrada a la capacidad de tracción de sus candidatos nacionales… y que la pereza de cortar las boletas sigue siendo el estigma municipal. Y si no, pregúntenle a Jobe. Asistencia altísima a las sesiones y reuniones de comisión en el HCD, nativo de Escobar, sin ruido, conocido, revisando los expedientes, leyéndose enteras las revisiones de cuentas, participando de actos de todo tipo y mil cosas más… ¿cómo terminó?… Y eso que el verde en las boletas era llamativo, pero uno entraba al cuarto oscuro y esa pilita de boletas de un solo cuerpo parecían más los volantes de una pizzería vegana que una candidatura.

Así como algunos salieron perjudicados por el famoso “arrastre”, otros se vieron beneficiados. Tal el caso de Leandro Costa. Borrarlo de la vía pública mediante una sistemática destrucción de su cartelería y el tapado de sus afiches apenas minutos después de ser pegados, no le quitaron votos, como tampoco lo hizo la campaña de “trolls” rentados y amateurs que lo destrozaban con esmero y dedicación en las redes sociales. La gente llegaba en el marco de una polarización fomentada por el oficialismo y la oposición y por temor a errarle y que ganara el kirchnerismo metía la boleta entera de Cambiemos. A las dos de la tarde, en la mesa en que yo voté, el cesto de residuos presentaba muestras de no más de dos o tres cortes.

Y la polarización también afectó a Massa. Su “avenida del medio” no tentó demasiado a la gente… o, mejor dicho, no tentó a demasiada gente. Quedó tercero, confirmando la teoría de los tercios, pero un poco más abajo de lo calculado. Eso sí, con los votos suficientes para asegurarle a Carranza su permanencia en el HCD y mantenerse expectante para un potencial crecimiento en octubre, tras el derrumbe del randazzismo. A pesar de todo, Maldonado superó con creces a sus dos rivales en la interna del PJ y tiene una nueva oportunidad en octubre.

Los otros dos candidatos que consiguieron su pasaporte a octubre son el referente de la izquierda, Pablo Iturrez, y Maximiliano Patti. Pensé que Iturrez se iba a comer el cachetazo por el vergonzoso desempeño de sus referentes en la Cámara en la votación para expulsar a De Vido, pero no. Los ideales pesaron más que el desliz en la votación que le permite al ex ministro de Planeamiento seguir con sus fueron haciéndole pito catalán a jueces, fiscales y a la población toda. En el caso de Maxi, el peso del apellido y sus ganas le permitieron superar por escaso margen el piso y ahora tiene dos meses más para remarla. De cualquier forma, le va a ser difícil crecer hasta quedar por arriba del 8,34 % que necesita para ocupar una banca. Parte del electorado que acompañó a su padre ya fue seducido por la gestión intensa de Sujarchuk y otra parte (que expresa el más absoluto rechazo al kirchnerismo) prefiere asegurarse que no regresen votando a Cambiemos. Ni la propuesta de un voto delivery sirvió para conquistar a los votantes.

Hay más candidatos. Respetuosamente diría que muchos más de los necesarios. Es que todavía existe gente que cree que, en política, con las ganas es suficiente olvidando las estructuras mínimas necesarias.

Napoleón Bonaparte dijo: “el cálculo vence al azar”. En la política argentina actual el domingo quedó demostrado.

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