Ya jubilado en la carrera hospitalaria, Eduardo Juan Güimil (70) se encuentra dedicado exclusivamente a su especialidad como cirujano plástico. Sin embargo su pasión por la salud pública sigue presente y la experiencia adquirida le permite un análisis objetivo de la realidad y una evaluación con cruel resultado.


Por su especialidad podría ser catalogado tranquilamente como un médico “chic”.  Sin embargo, con sus 70 años muy bien vividos y su casi medio siglo en la profesión, Eduardo Güimil demostró tener la sensibilidad social que predicó desde siempre en las filas del Partido Justicialista. Hoy continúa sintiendo la misma pasión y alegría por servir a quien lo necesita que sentía en aquellos jóvenes años, militando en un partido político que levantaba las banderas de la igualdad social. Y aún hoy lo sigue haciendo.

-Siempre fui peronista… más que una elección política fue sentirme parte de una doctrina que buscó, y aún hoy busca, defender y apoyar a quienes lo necesitan. Es uno de nuestros principios elementales: donde hay una necesidad hay un derecho incumplido.

-Siempre fui peronista… más que una elección política fue sentirme parte de una doctrina que buscó, y aún hoy busca, defender y apoyar a quienes lo necesitan. Es uno de nuestros principios elementales: donde hay una necesidad hay un derecho incumplido.

 

Eduardo Güimil nació y se crió en San Isidro. Cursó sus estudios en la Universidad Nacional de Buenos Aires. Su especialidad es la cirugía estética y reparadora. “Generalmente la gente asocia la cirugía estética o la medicina estética con una búsqueda de la belleza… y en buena medida eso es cierto, pero existe también una cirugía estética reparadora, que busca subsanar secuelas de accidentes, dolencias o malformaciones y que generalmente no están al alcance de quienes más la necesitan. Es que en un sistema de salud colapsado como el nuestro existen urgencias y necesidades que la mayoría de las veces terminan excluyendo cirugías reparadoras que van más allá de lo netamente estético. Son una necesidad para que la víctima o el paciente recupere su autoestima y pueda superar traumas y conflictos severos”.

Marca las diferencias entre conceptos que muchas veces (la mayoría de las veces, para bien decir) se creen una misma cosa. “La medicina estética es menos invasiva. No utiliza técnicas de cirugía mayor ni que requieran anestesia general, a diferencia de la Cirugía Estética, que en la mayoría de sus actuaciones implica un ingreso hospitalario del paciente. En el caso de la Cirugía Plástica y Reconstructiva, está orientada a la reparación de las deformidades y la corrección de los defectos funcionales, engloba a intervenciones dirigidas a reparar tejidos del organismo afectados por una enfermedad, accidente o derivados de lesiones producidas por quemaduras”.

Egresado en 1971, desarrolló buena parte de su carrera en el Hospital Municipal de Vicente López “Prof. Dr. Bernardo Houssay” y en otros establecimientos públicos y privados. En 1998 revalidó su título ante el Departamento de Profesiones Médicas del Ministerio de Salud del Estado de Israel, donde volvió luego para realizar pasantías, al igual que en hospitales de Miami y de París.

Recuerda con orgullo profesional esos logros. “Permiten conocer otras realidades, no sólo desde la óptica de la medicina o desde lo tecnológico”, sentencia, pero sus ojos se iluminan y su voz se carga de pasión cuando aborda su otro amor: la salud pública. Su pasión por esta faceta fundamental de la salud lo llevó a realizar maestrías en Salud Pública en Argentina e Israel y a cursar como una segunda especialidad la carrera de Gestión Hospitalaria, quelo trajo a Escobar para dirigir el Hospital Dr. Enrique Erill entre 1998 y 2001. Ahí también la política metió la cola. “Prefiero no hablar de eso. No vale la pena. El problema de la salud en Argentina es tan serio que no vale la pena perder el tiempo y gastar energía en pequeñeces y mezquindades. Nuestro problema, el gran problema del sistema de salud de nuestro país, aunque uno pueda creer lo contrario, no es una cuestión de recursos.


La Argentina invierte un 8,5 % de su PBI (Producto Bruto Interno) y eso es en algunos casos más que lo invertido por otros países.


El gran problema es la desarticulación que tenemos… la fragmentación del sistema. Nuestro país utiliza un sistema similar al implementado en los Estados Unidos, sólo que acá se deformó y es verdaderamente caótico.

En ese sentido se expresa proclive al sistema implementado en Europa. “Es un sistema centralizado. Ahí todos los sectores, ricos y pobres, convergen en una estructura de salud única que garantiza un atendimiento de calidad gracias a una explotación correcta de sus recursos”.

Podría estar horas explicando la problemática, aportando datos precisos y cifras exactas. El tema supera los ribetes de la pasión y por momentos llegan a convertirse en una obsesión.

Tenemos todo lo malo del sistema norteamericano pero sin sus aspectos buenos.

“En Argentina, por un lado, tenemos un sistema público que sólo en la Provincia de Buenos Aires contiene a 125 municipios… y a eso debemos sumarle todas las provincias con un esquema de características similares. Por otro lado tenemos un sistema de fondos públicos no estatales, representado por más de 300 obras sociales. Y por fuera de todo eso hay un sistema de salud pública privado”. No hay forma de poder controlar absolutamente nada. El dinero está invertido pero se diluye en un sistema que, repito, es caótico y que nadie parece dispuesto a intentar organizar. Desde el regreso a la democracia sólo hubo un intento llevado adelante por el Ministro de Salud Aldo Neri, pero en pocos meses fue desafectado del área. Lo apartaron mucho antes de siquiera poder presentarlo formalmente. Para ser sincero y objetivo debo reconocer que existen grupos de profesionales que están pensando en diversas soluciones a un problema grave: la salud del pueblo. Lo que no hay es quien se anime a iniciar una reforma que, en el mejor de los casos, podría dar resultados importantes en la calidad del servicio recién dentro de muchos años. No hay posibilidades de reestructurar nuestro sistema durante una gestión de gobierno. Vamos a tener que ir resolviendo los problemas por parte… por sectores… pero todo articula con todos y se tocan intereses no sólo políticos y sociales sino también económicos. A España le llevó décadas organizar su sistema. Lo mismo sucedió con países que salieron de la guerra, pero para ellos era más sencillo porque era comenzar todo de cero. Acá debemos desactivar sistemas que muchas veces están corrompidos y hacer todo de nuevo”.

-Es posible hacerlo?

-Si, por supuesto… todo es posible, pero es necesario que exista un acuerdo entre todos los sectores y mientras eso no ocurra… cada sector seguirá con el sistema que hoy le beneficia y la gente va a tener que atenderse como pueda. Las obras sociales de los sindicatos más poderosos asfixian a las más pequeñas y lo mismo ocurre con las prepagas. En poco tiempo sólo van a quedar dos o tres… las más poderosas van captando a los sectores de mejores recursos y sólo quedan en las pequeñas un sector de pacientes muy numeroso pero de baja capacidad de pago. Por eso los hospitales públicos se ven desbordados.

Su sensibilidad social de la que hacíamos mención al principio lo llevó a iniciativas solidarias puestas en marcha y llevadas adelante por él y por un grupo de una veintena de médicos dispuestos a cumplir con su conciencia, buscando dar solución a problemas coyunturales en lo que es su especialidad: la cirugía estética reparadora.

“Durante muchos años tuvimos un grupo al que llamamos Patria Solidaria. Recorrimos buena parte del país durante diez años. Nos organizábamos y aprovechábamos nuestras vacaciones para visitar algún lugar de lo que bien podríamos definir como la Argentina profunda y realizábamos en forma gratuita cirugías reparadoras. Hay regiones del país donde determinadas patologías tienen una presencia muy alta. Labios leporinos, malformaciones congénitas varias y cirugías reparadoras en general. Lo hacíamos en acuerdo con las autoridades de la provincia a la que íbamos y ellos resolvían la logística para que pudiéramos contar con los quirófanos y las camas necesarias para los pacientes. Así fue como estuvimos en Misiones, Tucumán, Catamarca, La Rioja, Salta, San Juan, Mendoza, Neuquén… Para nosotros fue una experiencia muy importante, que nos marcó realmente. Es lamentable pero cada vez son mayores las dificultades que debemos afrontar para ir a realizar este tipo de trabajo. Muchas veces juegan en contra intereses mezquinos vinculados a la política o vaya uno a qué intereses. Los costos de movilización son cada día más altos y eso también complica el movilizarnos. Actualmente con un grupo de colegas estamos intentando organizarlo de una forma distinta. Queremos contar con algunas plazas en hospitales públicos en Buenos Aires y que nos manden los pacientes que necesitan esas cirugías, pero repito que cada día es más difícil poder trabajar”.

 

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